Costa Rica, Martes 29 de abril de 2008

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Darner A. Mora Alvarado

Contaminación hormiga

 La contaminación “hormiga” es generada por los malos hábitos y costumbres de la gente

Salubrista Público

Nuestro país ha experimentado, en los últimos años, una etapa de transición en cuanto al riesgo ambiental. La misma es concordante con su situación de país en vías de desarrollo, en donde persiste la contaminación fecal de fuentes de agua y emergen contaminaciones por desechos industriales y agrícolas, como hidrocarburos y plaguicidas.

Han existido, en la última década, episodios de contaminación tipo “elefante”, es decir, de grandes magnitudes, como la contaminación de fuentes de agua y las descargas de aguas residuales en playas, que a su vez atraen los reportajes periodísticos y el interés de la ciudadanía en general. Ejemplos de ello son los acontecidos en la planta potabilizadora de Guadalupe en el 2001, Moravia en el 2003, el embalse el Llano en el 2004 y la presencia de plaguicidas, como Bromacil, en los acueductos del Cairo, Milano y Luisiana de Siquirres durante el 2006 y 2007; además, en el año 2007 y parte del 2008, gracias al Programa Bandera Azul Ecológica y la valentía de la Ministra de Salud y el Presidente Ejecutivo del AyA, se logró detectar y frenar la contaminación causada por descargas de desechos fecales en las playas por parte de grandes hoteles costeros.

Contaminación “hormiga”. Sin embargo, existe una persistente contaminación “hormiga”, generada a diario por los malos hábitos y costumbres de la población. Los ejemplos son muchos, desde personas que botan el papel, el cigarro o cualquier producto de desecho a la calle, pasando por descargas clandestinas de aguas fecales de viviendas ubicadas cerca de ríos o playas, talleres mecánicos que cambian y descargan el aceite en el riachuelo o quebrada más cercana, hasta la complicidad de algunas estaciones de combustible que contaminan continuamente los mantos acuíferos con hidrocarburos, y los establecimientos de comidas rápidas y supermercados, que producen grandes cantidades de desechos que terminan en los cauces de los ríos y mares. Si bien es cierto que este “aporte hormiga” es pequeño en forma individual, su suma y persistencia son más impactantes que la contaminación “elefante”, la cual tiene la ventaja que una vez detectada es más fácil de corregir.

Resulta evidente que la mejor forma de evitar o minimizar el deterioro ambiental es dejando de atacar al Gobierno central y a las municipalidades por esta desastrosa situación; si bien es cierto que tienen una alta cuota de responsabilidad, se debe, sin embargo, enfocar la solución hacia la educación ciudadana (principalmente los niños), poniendo en práctica costumbres limpias, promoviendo el reúso y reciclaje de desechos sólidos y adoptando la costumbre del ahorro en el uso del agua, electricidad y combustibles.

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