Costa Rica, Domingo 27 de abril de 2008

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Fernando Durán Ayanegui | ferduraya@racsa.co.cr

Herencias

químico

Así que los concesionarios de placas de taxis pretenden que estas sean hereditarias. Trivial asunto al que no vale la pena dedicarle tiempo o reflexión, pues el estilo judicial y parlamentario imperante en nuestra “requetepública” conducirá, como siempre, a la peor de las soluciones posibles. La actual conducta cívica promedio de “les tiques” (ticos y ticas) se parece tanto a la de la monjita del cuento (dans la guerre comme dans la guerre) que, a razón de meter la pata con garbo y estruendo, no será difícil para jueces y legisladores encontrar el argumento que les permita perpetrar, en relación con este asunto, otro refinado dislate.

Después de todo, es posible que las mejores obras de ciencia ficción que se conocen sean, como lo afirmaba Güilibrán González cuando gobernaba la República de Noteapa, las constituciones políticas latinoamericanas. (Debió agregar que dentro de la mejor literatura humorística del mundo figuran la legislación regular y la casuística jurídica de Costa Rica).

¿Han de ser hereditarias las placas de taxis? ¡Pues sí! Sería lo más justo, simétrico y equilibrado en un país en el que, con frecuencia, se heredan, desde los partidos políticos, las propiedades del Estado y las candidaturas a la Presidencia de la República, hasta los puestos de munícipes, pasando por la diabetes y no pocas carreras parlamentarias y diplomáticas.

Eso, para no mencionar la pobreza, la exclusión, el desamparo y, ¿cómo no decirlo?, el aborregamiento de quienes padecen el mal de la extrema credulidad y votan siempre por los mismos clanes de inverecundos.

Claro, no todo será fácil al legislar o fallar sobre el punto en cuestión. Por ejemplo, ¿qué pasará cuando muera un “dueño de placa” padre de varios hijos? ¿Cuál de estos será el taxista? Un altruista diría que la placa le debe corresponder al infeliz que, como único bien, posea un título de profesor de química, pero ya sabemos que la justicia funciona de otra manera: nada le impediría a un educador convertirse en dirigente político o en salteador.

Es decir, las soluciones están en otra parte y una podría ser que, dada la urgencia de reducir el consumo de combustibles fósiles, se estimule el uso de la llamada energía animal legislando para que, cuando un dueño de placa de taxi muera, la heredad se divida entre sus hijos asignándole a cada uno de ellos una placa de rickshaw, ese tipo de carruaje ligero tirado, caminando o pedaleando, por un ser humano. Algo similar sugirió alguna vez para Europa Günter Grass, aunque este gran novelista alemán no se refirió para nada al tema de las herencias.

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