Costa Rica, Martes 22 de abril de 2008

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Agustín Ureña Álvarez | 4m-ureville@ice.co.cr

Desde la tierra a la gradería

 Existen derechos pisoteados por la Conferencia Episcopal y sobre los que usted calla

Profesor Universitario

Leí los comentarios de don Juan Céspedes (Foro 14/04/08) y del presbítero Mauricio Víquez (Foro 18/04/08) sobre mi artículo “Educación religiosa, matrimonio e Inquisición” (Foro 11/4/08). En mi artículo, el matrimonio es uno de varios temas, y don Juan no se refiere al celibato de los sacerdotes y a su incapacidad para opinar sobre lo que no viven, ni a la violación de derechos laborales promovida por la Conferencia Episcopal, que dejó indefensos a los profesores de religión, aquí en la Tierra, porque decidió que eso era un asunto de allá en el Cielo. La respuesta de don Juan es dogma recitado. En el siglo XXI, algunos requerimos más que dogma para elaborar nuestras opiniones.

Ignorancia. En el caso del presbítero Mauricio Víquez, sus ofensas sobre “mi lógica” son cortinas de humo (espero que no de hoguera) para distraer del tema de fondo: que usted ignora lo esencial porque eligió no saber y decidió no casarse, no convivir con una esposa, nunca tener hijos ni, menos aún, levantar un hogar y criarlos. Lógicamente, usted no sabe lo que es ser marido y padre de familia.

Esa obvia incapacidad clerical para vivir el matrimonio ha generado todo tipo de perversiones. Como nunca escribo garrapatos, ignorante no significa idiota. Si usted, don Mauricio, cree que deba sentirse así al leer mi artículo, no es mi culpa: examine su interior. En cuanto a su afirmación de que está en el limbo en relación con el matrimonio, estoy de acuerdo: usted está en el limbo, mientras siga soltero, sin hijos y contemplando el matrimonio de los demás, como usted mismo confiesa. Yo no lo mandé a la gradería: usted eligió estar ahí y, al ser confrontado con las consecuencias de sus propias decisiones, se siente exhibido en público, por su voluntaria ignorancia, y, en vez de reflexionar, se atreve a sentirse ofendido y ofende.

Luego me acusa de “imprecisiones históricas”, sin citar ninguna, lo que es una falta de seriedad. Use sus conexiones en el Cielo y pregúntele a Giordano Bruno y a las víctimas de la Inquisición a qué huele el humo de carne humana quemada en la hoguera. El milenio de los Estados Pontificios y sus guerras en nombre de Dios son realidades, muchas veces escritas con sangre. ¿No será que lo que usted llama imprecisiones históricas, son crímenes contra la humanidad –que usted quisiera borrar– perpetrados por la Iglesia?

Abusos y justicia. Sé que cuando la Iglesia pudo matar, mató, en el sentido más forense de la palabra. Las conquistas militares del papa “guerrero” Julio II y la Inquisición son el mejor ejemplo. La única explicación para estas atrocidades es que la Iglesia se eximió a sí misma de aplicar el 5.° Mandamiento, por uno o dos siglos, mientras mataba a todos los que no pensaban como ella. Esa es la historia. Supongo que a usted le contaron otra en el Seminario, y por eso me acusa de “impreciso”.

Yo creo en Jesús: admiro el vuelo de las aves y me extasían los lirios del campo. También creo en Pablo de Tarso, en el Dios sentido por Agustín de Hipona y en el Dios explicado por Tomás de Aquino, en la vivencia de Jesús que percibo en el misticismo de Francisco de Asís y de Teresa de Calcuta. Creo en el Jesús que impactó la vida de Pascal, como también rechazo la arrogancia homicida de Enrique VIII y la predestinación de Calvino.

Don Mauricio, en cuanto al derecho, su silencio demuestra que, si lo entiende, no le preocupa. Le informo que hubo una Revolución Francesa, que se dio una Declaración Universal de Derechos Humanos, que tenemos una Constitución, que existe una Convención Interamericana de Derechos Humanos y que esos instrumentos garantizan el derecho de recurrir a los tribunales para obtener justicia, instrumentos y derechos pisoteados por la Conferencia Episcopal y sobre lo que usted notoriamente calla. Toda tiranía comenzó con un abuso, que no fue detenido: hace 500 años ya estarían cortando leña para quemarme. ¿Resabios de Inquisición en la Conferencia? ¿Nostalgia suya, don Mauricio, por el siglo XV? Los actos de la Conferencia, y su notorio silencio, don Mauricio, los delatan.

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