Costa Rica, Viernes 18 de abril de 2008

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José Rafael Moraga B.

El ajedrez, el rey y la hamburguesa

 Callan ante ataques contra la dignidad de la mujer

Abogado

Colocados a ambos extremos el tablero, dos personas se miran fieramente. Ambas disponen de un arsenal. Peones, artillería, caballería, obispos intrigantes y poderosos, una reina ávida de destrucción y un rey insaciable en su deseo de conquista y aniquilación del oponente.

¿Posibilidades de solucionar el conflicto mediante un arreglo amistoso? En general, ninguna. Las “tablas” solo se conceden cuando ambos oponentes saben que ninguno está en situación de destruir totalmente al otro o cuando media un acuerdo inconfesable y calculado para seguir con vida y poder enfrascarse en una nueva batalla. En el ajedrez, el mecanismo natural para solucionar el conflicto es la guerra y la destrucción del enemigo. Porque, digámoslo de una vez, en este juego (creación de alguna mentalidad maléfica o perversa), ambos oponentes no tienen más objetivo que –horror de horrores y coincidencia de coincidencias– ¡matar al rey!

¿Censurar? ¿Se debe prohibir, entonces, toda publicidad relativa al ajedrez, torneos incluidos? Algunos podrían pensar que argumentos a favor de esta tesis no faltan. En efecto, alguien podría concluir que desde el momento en que en el ajedrez no se contemplan mecanismos alternativos para solucionar el conflicto, sino que desde el primer momento los oponentes se enfrascan, literalmente, en una batalla campal, se trata de un deporte contrario a los valores de la sociedad costarricense pacifista y neutral.

Incluso, podría aducirse que el ajedrez promueve la cosificación de los seres humanos de escasos recursos, esos pobres peones que son sacrificados por mero capricho de su regente.

Naturalmente, habría que concluir también en esta línea de argumentación que la visión de la mujer que se revela en el juego de ajedrez es malévola y distorsionada, ya que se la presenta como una tirana todopoderosa, dotada de una fuerza y poder destructivo superior al de todos los demás, siendo que de esta manera “sin duda alguna se promueve una idea errada del papel de la mujer en la sociedad, quien no es y por mucho la que promueve la violencia, sino, por el contrario, la que es víctima de ella, según lo demuestra una simple lectura de las cifras de femicidio que se dan en esta sociedad a la que hoy el Estado costarricense pretende con sus políticas públicas en materia de combate a la delincuencia, devolverle la tranquilidad y la paz”. (Cita de la resolución administrativa que censura el comercial de la empresa que se dirá).

También podría pensarse que se trata de un juego que fomenta la violencia de género, pues el rey en cualquier momento puede decidir sacrificar a la mujer (la reina), si esto conviene a sus designios expansionistas y guerreros. Finalmente, habría que concluir que el ajedrez fomenta el racismo, ya que se permite que los blancos muevan y ataquen primero que los negros, los cuales deben resignarse a jugar a la defensiva.

Violencia no es real. Por supuesto, nadie arriba a estas conclusiones, por lo menos al punto de prohibir la publicidad relativa a este juego, porque fácilmente se llega a comprender que la violencia en el ajedrez no es real, es una simple entelequia, y nadie llegaría al extremo de decir que, luego de jugar una partida de ajedrez, se siente tentado a matar a su oponente.

Una reciente publicidad de la empresa Buger King ha desatado en algún sector de la población algunos comentarios en los que se indica que la referida publicidad fomenta el sicariato y la violencia en la sociedad. En el comercial de referencia, unas madres aparecen enojadas con el rey de las hamburguesas por lo que planean eliminarlo de diversas formas, lo cual, dicho sea de paso, nunca llega a materializarse, sino que todo se limita, en el fondo, a una persecución de caricatura. Concluir de aquí que el comercial promueva el sicariato y otras formas de violencia extrema es realmente contrafáctico. El sicariato, como toda forma de homicidio calificado, gira en torno a la muerte de un ser humano. Y me parece evidente que el rey de las hamburguesas no puede pretender más existencia real que la que reclaman para sí Rogger Rabbit o el Conejo Buggs.

Tampoco creo que ninguna madre comience a contratar sicarios para resolver sus conflictos solo por haber visto el citado comercial. Creo que debe partirse más bien del supuesto de que las mujeres y los hombres que integran nuestra sociedad son lo suficientemente inteligentes para distinguir una parodia o caricatura de la vida real.

Queda una cuestión inquietante y pendiente de respuesta. Esos mismos sectores que ahora muestran su disgusto por el referido comercial, permanecen callados ante ataques a la dignidad de la mujer, cuya figura se explota en periódicos y revistas nacionales así como en programas y concursos televisivos de la más variada índole sin que nadie diga nada. ¿Por qué?

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