Costa Rica, Miércoles 9 de abril de 2008

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Claudio Gutiérrez

Solemne debut del principio antrópico en la Asamblea Legislativa

Filósofo

Me parece maravilloso que la Asamblea Legislativa, tantas veces criticada como “recurtidero de personas sin educación”, se haya tomado tiempo para tratar el tema del principio antrópico; igualmente, que el reportero de La Nación haya cubierto el caso tan bien, hasta con ayuda de diccionarios en varios idiomas.

El motivo de mi intervención es precisamente refutar al Petit Robert de la langue française en cuanto dice que el principio antrópico “es la teoría cosmológica que establece que el universo ha sido creado para que el hombre pueda observarlo”. ¡Qué extraña presunción! En todo caso, el diccionario se equivoca si se refiere al concepto acuñado por los cosmólogos del siglo pasado, para quienes el principio, en una de sus versiones, dice así:

Nosotros los seres humanos no podemos evitar representarnos la marcha de la evolución, no solo de la vida sino del universo entero, como destinada a producirnos a nosotros mismos.

La banalidad misma. Esta inevitabilidad es solo un espejismo, ya que se debe a que estamos aquí ahora planteándonos el tema. Stephen Hawking lo expresa así: “Vemos el universo de la manera que es porque existimos”. Y agrega: “Si el universo fuera diferente, no estaríamos aquí”, ya que muy pocos rangos de valores para las constantes universales de la física permiten nuestra existencia. En mi libro Ensayos sobre un nuevo humanismo incluyo la siguiente explicación complementaria: Hagámonos el cargo de que fuéramos un ser dotado de inteligencia ajeno al sistema solar. Como extrasolar inteligente gozaríamos también de nuestro propio principio antrópico, aunque no se llamara así, que nos llevaría a pensar que el universo tenía que habernos producido. La única razón por la que una piedra existente en algún punto de la constelación Andrómeda no pueda pensar lo mismo es que no puede pensar del todo. Así pues, el tal principio es la banalidad misma, puesto que todos y cada uno de los seres existentes o posibles podrían tener el suyo propio, si tiene inteligencia.

Una mala interpretación de este principio nos puede llevar a errores filosóficos pretenciosos como el siguiente:

En el fondo de la realidad cósmica algo ha conspirado desde toda la eternidad para producirme a mí.

En puridad, el principio antrópico no es un doctrina metafísica que establezca la forzosidad de nuestra existencia. Es simplemente una doctrina lógico-psicológica que reconoce una inevitabilidad de hecho del pensamiento dentro de nuestro universo en evolución. Para evitar confusiones, recomiendo la siguiente versión, totalmente no ambigua y exhaustivamente inclusiva:

Todo ser inteligente, en cualquier parte del universo en que se haya producido, puesto a pensar sobre su origen, no puede evitar representarse la marcha de la evolución del universo como destinada ciertamente a producir su propia especie, aunque no con exclusividad puesto que todos los otros seres, reales o posibles –con tal de que sean inteligentes– disfrutan del mismo privilegio.

Y, señoras y señores diputados: tengan mucho cuidado con la filosofía; es material inflamable. Pero que eso no sea óbice para reeligir a un distinguido filósofo como su presidente, ¡lo tiene más que merecido!

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