|
Soledad Rojas Rodríguez |
Remembranzas
Administradora de negocios
Soy una de esas privilegiadas personas que nacieron y vivieron su niñez en el campo. Cuando después de largos años de vivir en la ciudad, en mi edad adulta, comparo la vida de los niños “modernos” con la vida mía en el campo, cuando niña, no puedo evitar sentir una gran nostalgia por aquella época maravillosa.
En esos tiempos, los niños no veíamos televisión, sino que jugábamos todo el día en el potrero con un sinfín de amigos, nos bañábamos en el río, nos deslizábamos por la colina montados en pedazos de cartón, nos comíamos todas las frutas que encontrábamos en el barrio, tomadas directamente de los árboles y casi siempre sin permiso de nadie, y en la tarde nos llegábamos a nuestra casa a dormir, cansados de jugar, sin preocuparnos por calorías porque las habíamos gastado todas.
Verdaderos valores. Siempre nos esperaba nuestra madre con un chocolate bien caliente o un agua dulce con leche acompañada de pan casero, calientito, acabado de hornear. Normalmente nos bañábamos y nos ponían la piyama, de franela, y después era toda un ceremonia el sentarnos en el corredor de nuestra casa, toda la familia unida, a conversar, a escuchar historias de nuestro pueblo, trasmitidas por nuestra madre o nuestra abuela.
No había televisión, ni computadora, ni juegos electrónicos, ni juguetes espaciales extraños o de figuras monstruosas. Todo era serenidad, tranquilidad, y un entorno de verdaderos valores donde se crecía libre como el viento, en permanente contacto con la naturaleza.
Nadie pensaba en un sátiro, ni en un homicida; los niños salíamos en la mañana e íbamos solos a nuestra escuela, sin ninguna preocupación, era parte de nuestra libertad y de nuestro proceso normal de aprender a vivir por sí mismos y de crecer y sabíamos que, cuando regresábamos, nos esperaba un hogar limpio, tranquilo, acogedor y siempre nuestra madre por ahí para recibirnos, para apoyarnos.
Dolor. Me da dolor ver hoy día a todos los padres teniendo que ir a dejar a sus hijos a la escuela, en una carrera, y a recogerlos también. Me da dolor ver a los niños obesos y llevando dieta porque el entorno no les permite hacer ejercicio a diario y gastar las calorías en forma natural. Me da dolor ver que los niños no pueden salir a ningún sitio sin compañía.
En una gran cantidad de hogares actuales recibe a los niños de la escuela una empleada doméstica quien, aunque presta un gran servicio en el hogar moderno, jamás será la más indicada para guiar a los niños en un buen proceso de desarrollo. ¿Podremos algún día recuperar el estilo de vida y la seguridad ciudadana que tuvo este maravilloso país?
![]() |
EN VELA | ![]() |
EN GUARDIA | |
| JULIO RODRÍGUEZ | JORGE GUARDIA | |||
![]() |
LETRAS DE CAMBIO | ![]() |
OJO CRÍTICO | |
| LUIS MESALLES | RODOLFO CERDAS | |||
![]() |
ENFOQUE | ![]() |
POLÍGONO | |
| JORGEVARGAS | FERNANDO DURÁN | |||
![]() |
TAL CUAL | |||
| ALEJANDRO URBINA | ||||
| SERVICIOS |
|
En tu Celular |
|
En tu PDA |
|
Fax |
|
Horóscopo |
|
Cartelera de cine |
| | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | | ESTADOS FINANCIEROS DE LA NACIÓN | | ANÚNCIESE EN LA NACIÓN | | TARIFARIO DE LA NACIÓN | | TRABAJE EN LA NACIÓN |
|
© 2008. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 2247-4747. Servicio al cliente: (506) 2247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 2247-5022. CONTÁCTENOS |
||||