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Shlomo Ben-Ami |
El nuevo Oriente Medio de Bush
Estados Unidos está perdiendo su capacidad para intimidar a los autócratas
Shlomo Ben-Ami es exministro israelí de Asuntos Exteriores y actual vicepresidente del Centro Internacional para la Paz de Toledo; es autor de Scars of War, Wounds of Peace: The Israeli-Arab Tragedy (“Cicatrices de la guerra, heridas de la paz. La tragedia árabe-israelí”).Copyright: Project Syndicate, 2008. www.project-syndicate.org Traducido del inglés por Carlos Manzano
La declaración del Presidente George W. Bush sobre la “misión cumplida” en el Iraq hace cinco años fue tan ensoberbecida como fantasiosa es su actual evaluación de que el reciente aumento repentino de tropas “ha obtenido una importancia victoria estratégica en la guerra, más en general, al terror”. La aventura en el Iraq no solo es la guerra más larga y más cara de la historia de los Estados Unidos –el premio Nobel de economía Joseph Stigltz ha ofrecido un asombroso cálculo aproxima- do de tres billones de dólares–, sino que, además, es la menos concluyente.
La guerra ha pulverizado la sociedad iraquí, al disolverla en un centón etnosectario. El efecto del citado aumento de tropas se acabará tarde o temprano y los iraquíes, deshechos por la violencia y la corrupción, seguirán incapacitados para unir su sistema de gobierno y, dada la incapacidad de su ejército para tomar el relevo de los americanos, la violencia yihadí e interétnica volverá por fuerza a estallar. Como ha dicho recientemente el coronel iraquí Omar Alí, comandante del batallón iraquí en Mosul, foco principal de la insurgencia en la actualidad, “sin los americanos, nos resultaría imposible controlar el Iraq”.
Las guerras, tal como las definió Winston Churchill, son siempre “un catálogo de meteduras de pata”. Así, pues, el juicio de la Historia sobre la guerra del Iraq versará, desde luego, más sobre si ha alcanzado sus objetivos estratégicos de “reconstrucción” de un Oriente Medio muy desestructurado a imagen y semejanza democráticas de los Estados Unidos y consolidación de su posición hegemónica en la región que sobre su precio en sangre y dinero. Estratégicamente, la guerra fue un completo fracaso. La guerra, ejemplo claro de exagerada ambición imperial, forzó demasiado al ejército de los Estados Unidos, socavó el prestigio moral de este país en el mundo entero y su reputación en el Oriente Medio, amenazó gravemente a su economía y mostró a amigos y enemigos los límites del poder americano.
Lo peor. La más grave consecuencia no deseada de la guerra es el surgimiento de un poderoso desafío chií a los aliados suníes de Occidente en el Oriente Medio. La destrucción por parte de los Estados Unidos del Iraq como potencia regional entregó en bandeja de plata la hegemonía en el golfo Pérsico, cuya decisiva importancia para los intereses occidentales no se puede exagerar, al régimen islamista chií del Irán.
Sobre los escombros de la dictadura de Sadam Husein los americanos contribuyeron a crear en el Iraq el primer Estado árabe dominado por los chiíes, que podría ponerse al servicio de las ambiciones regionales del Irán, calamidad de dimensiones históricas para los aliados suníes de los Estados Unidos. La reciente visita al Iraq del Presidente Mahmoud Ahmedinejah transmitió a los americanos un mensaje inequívoco: la perspectiva de que los Estados Unidos alcancen jamás un mínimo de estabilidad en el Iraq ha pasado a depender de las fuerzas alineadas con el Irán.
Las dificultades de los Estados Unidos en el Iraq y en un ámbito más amplio contribuyeron decisivamente a las ambiciones nucleares del Irán. Los iraníes se ven ahora inmunes a un ataque americano a sus instalaciones nucleares, pues los problemas de los Estados Unidos en el Iraq y la oposición en aumento a la guerra en los Estados Unidos son una señal para ellos de que la estrategia de guerras preventivas por parte de los Estados Unidos ha fracasado.
Amenaza de Irán. Pero, por radical que sea el régimen iraquí, no es suicida. Por eso, la amenaza de un Irán nuclear podría consistir menos en su propensión a iniciar una guerra nuclear con Israel que en su capacidad para proyectar eficazmente su poder regional. Un Irán nuclear podría amenazar incluso la capacidad de los EE.UU. para proyectar fuerzas convencionales en el Golfo en momentos de crisis, como tampoco se puede descartar la posibilidad de que el Irán sienta la tentación de reforzar sus ambiciones regionales suministrando material nuclear a grupos terroristas delegados suyos.
Si acaso, el desastre de los Estados Unidos en el Iraq no ha hecho sino envalentonar a quienes desafían elstatu quo en la región. Ese ha sido también el resultado de la mal concebida cruzada democrática en el mundo árabe. Bush descubrió, para consternación suya, que cualquier ejercicio de democracia árabe ha de abrir las puertas a los islamistas antioccidentales, ya se trate de los Hermanos Musulmanes en Egipto, los partidos chiíes en el Iraq o Hamás en Palestina.
Al final, los EE.UU. tuvieron que abandonar sus fantasías sobre una democracia árabe al estilo occidental, pero dejaron a los iraníes –lo que resulta irónico– enarbolando la antorcha de la democracia en la región. Al fin y al cabo, el Irán se apresuró a reconocer que las elecciones libres son la vía más segura para socavar los regímenes proamericanos del Oriente Medio.
Descuido del proceso de paz. A la guerra del Iraq se debió también que los Estados Unidos no atendieran al proceso de paz palestino-israelí. Ahora las posibilidades de que el gobierno de Bush pueda agrupar a los aliados suníes “moderados” de los Estados Unidos en la región para que ayuden a salvar la paz palestino-isaelí están secuestradas por un eje regional encabezado por el Irán del que forman parte Hamás, Hezbolá y Siria. Todos ellos están unidos en su rechazo de una Pax Americana en el Oriente Medio y han demostrado hasta ahora una notable resistencia al desestimar las condiciones previas impuestas por los Estados Unidos para un diálogo.
La incapacidad de los Estados Unidos para inspirar a los pueblos del Oriente Medio, gobernados todos ellos por autocracias respaldadas por ese país, no es una novedad precisamente. En cambio, sí que lo es que el poder americano podría estar perdiendo su capacidad para intimidarlas.
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