Costa Rica, Martes 1 de abril de 2008

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Deporte, lejos de la política

Harold Leandro | hleandro@nacion.com

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Proceden mal quienes quieren utilizar los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 con fines políticos.

No es que el deporte debe ser concebido como una isla con respecto al resto del quehacer humano, pues es una manifestación más en el proceso de civilización y, como tal, tiene un entorno social.

El problema es cuando se usa el deporte con motivaciones políticas, más allá de que la causa sea justa, correcta o ética.

La realidad en el Tíbet es compleja y no soy el más indicado para pronunciarme al respecto, pero tomar como punto de referencia los Olímpicos para protestar contra el Gobierno de China es insensato.

El conflicto es añejo y no entiendo por qué ahora se relanza en toda la prensa mundial justo cuando se aproximan las Olimpiadas.

El deporte no es el mejor escenario para dilucidar el asunto. Para eso están la Organización de Naciones Unidas y muchos otros foros con mayor competencia.

Se usa el deporte porque ofrece una gran ventaja publicitaria y por ello se incurre en un error.

Digamos, por puro ejercicio mental, que los dirigentes tibetanos tienen toda la razón, pero esto no les da patente de corso para pedir y promover un boicot a los Juegos Olímpicos, la más importante reunión atlética universal.

Si Tíbet debe pertenecer o no a China es un asunto que entre más lejos del deporte, mejor.

El deporte es para exaltar las cualidades humanas como la superación, la capacidad de sacrificio, el honor, cruzar el umbral de dolor, mejorar como personas y propiciar salud.

Nada más lejos de la política, tal cual se nos presenta hoy.

Claro que un país necesita una buena política deportiva (quizás eso explica el fracaso deportivo en Costa Rica). También es cierto que el deporte depende en gran medida de las decisiones que tomen los gobernantes, pero todo ello es harina de otro costal.

Historia. Cada vez que alguien ha usado el deporte como arma ideológica, las consecuencias son catastróficas. Para no ir muy largo, recordemos a Adolfo Hitler en las Olimpiadas de Berlín 1936.

Aún están vivos aquellos momentos en que el dictador alemán tuvo que tragarse su orgullo ante la fuerza, el empuje y los triunfos del estadounidense Jesse Owens, quien contrario a la “verdad” nazi, ganó oro siendo negro.

Por ello, hacen bien Óscar Arias, George W. Bush y otros líderes al rechazar el boicot a Pekín 2008 y mantener la esperanza de la gran fiesta deportiva.

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