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EDITORIAL |
Así no se vale
Ottón Solís se alió con dos enemigos de Costa Rica en EE.UU. para combatir el TLC
Ningún político debe saltar sobre la frontera de los intereses nacionales
Con el propósito de dotar a su discurso contra el TLC de argumentos de autoridad, don Ottón Solís, máximo dirigente del Partido Acción Ciudadana (PAC), importó de Estados Unidos, el pasado fin de semana, al senador Bernard Sanders y al congresista Michael Michaud. Y durante una conferencia de prensa junto al excandidato presidencial, ambos legisladores se dedicaron a reiterar dos argumentos claramente falsos: que el Tratado se puede renegociar y que las preferencias unilaterales que los estadounidenses otorgan a nuestros productos mediante la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC) no están en riesgo si rechazamos el TLC.
Hasta ahora, don Ottón ha persistido en pregonar ambas falsedades. Pero como cada vez la realidad ha hecho más insostenibles sus argucias dialécticas, decidió buscar palancas para darles un nuevo aire. El hecho de que sus aliados hayan venido desde el extranjero para participar directamente en la discusión política sobre el TLC constituye una inaceptable injerencia en defensa de intereses foráneos con argumentos falsos. Sin embargo, la gravedad de esa intervención palidece frente a otro hecho: la alianza de don Ottón con dos legisladores que, además de decir falsedades, representan los peores intereses proteccionistas de sectores industriales y sindicales estadounidenses y quienes, por esa razón, son claros enemigos de los productores y trabajadores costarricenses. De este modo, un político que, al oponerse al TLC, se presenta como defensor de Costa Rica, objetivamente actúa como instrumento de iniciativas totalmente opuestas a nuestro país. Así no se vale, don Ottón.
Durante su visita, el senador Sanders y el congresista Michaud, ambos del ala más intransigente del Partido Demócrata, trataron de presentarse como personas preocupadas por los derechos laborales, el ambiente y el “comercio justo” con Costa Rica. Sin embargo, su historial, tal como revelamos ayer en una amplia información, dice algo muy distinto, lo cual, por cierto, don Ottón conoce, pero nunca mencionó. Por ejemplo, Sanders escribió hace cuatro años que era necesario utilizar la influencia de Estados Unidos para propiciar “tratados comerciales que resulten en más exportaciones de productos estadounidenses” y que eviten el traslado de operaciones productivas de su país a otros del mundo. Es decir, una reedición, con matices comerciales, de la política del garrote, que pretende suscribir tratados con el único propósito de mejorar la situación de Estados Unidos, no de sus socios comerciales. ¿Es posible imaginar una visión más estrecha y adversa a los socios comerciales de Estados Unidos, entre ellos Costa Rica, que esta?
Sanders, además, votó contra extender los beneficios de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe a Centroamérica (la misma que don Ottón, en contra de la realidad, dice que está segura) y ha propuesto el retiro de su país de la Organización Mundial de Comercio. El congresista Michaud, por su parte, ha culpado insistentemente a los tratados de libre comercio por una presunta pérdida de empleos en Estados Unidos (y de creación en los demás países) y ha estado en contra de que se les concedan beneficios textiles a Centroamérica.
Don Ottón le debe explicaciones y disculpas claras al país sobre esta oscura alianza con dos representantes del más primitivo proteccionismo estadounidense. Porque podemos aceptar que, incapaz de reconocer sus errores, haya insistido aquí, contra toda evidencia, en la imposible renegociación del TLC y en la inexistente seguridad de la ICC, pero resulta inaceptable salir a buscar apoyo en dos enemigos de nuestro país y, al hacerlo, convertirse en herramienta del proteccionismo en Estados Unidos, en contra de Costa Rica. Estamos, pues, ante un hecho que, aunque no haya sido escrito en un memorando, tiene perturbadoras implicaciones. Porque en los esfuerzos por manipular la realidad hay fronteras que ningún político debe traspasar. Y don Ottón, en este caso, ha saltado sobre la de los intereses nacionales. Así no se vale.
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