Costa Rica, Viernes 28 de septiembre de 2007

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Luis Diego Herrera A.

“Quien esté libre de pecado…”

De todas las esquinas del pensamiento, hemos presenciado, en las páginas de este periódico y en otros medios, una censura unánime al señor Kevin Casas y al diputado Fernando Sánchez. Algunos de sus ángulos son políticos; otros, filosóficos, y hasta los ha habido religiosos. Y, mientras muchos claramente quieren capitalizar la situación para sus intereses particulares, otros parecen independientes de vicisitudes ligadas al referendo u otros asuntos electorales.

Si promediamos todos los análisis, el resultado neto es concluyente: los autores del correo son ejemplo de todo lo malo que se asocia a la gestión política, particularmente si se posee algún grado de poder. No recuerdo haber leído un solo comentario que comporte, siquiera remotamente, la idea de que los autores del memorando pueden ser buenas personas haciendo cosas malas o cometiendo errores. Todos los críticos parecen estar por encima de estas disposiciones y, por supuesto, sus posiciones dan a entender que no han cometido ni cometerán errores similares. Desde su punto de vista, todo se limita, claramente, a un caso de dos manzanas podridas en el saco. Hay que desecharlas antes que contaminen a las demás.

Elección de Arias. Sin embargo, con este comentario los invito a reflexionar sobre otra posibilidad: se podría tratar de un saco podrido con dos manzanas buenas. Según esta perspectiva, el saco se empezó a podrir por el mal camino que tomaron dos asuntos políticos independientes, pero relacionados: la elección del Dr. Óscar Arias y la discusión sobre el TLC.

Si no me traicionan mi memoria y subjetividad, las expresiones atemorizantes lanzadas a la población, el cuestionamiento de la legitimidad de un presidente de la República electo democráticamente y las amenazas de violentar la institucionalidad democrática, han tenido múltiples y variados exponentes. El alarmismo y la inducción del miedo como estrategia para capitalizar votos no empezaron con el escrito de Casas y Sánchez.

Pero mi objetivo no es defender a los autores del memorando, ni criticar a sus detractores, sino poner el caso en una perspectiva que considero más justa.

Un experimento. Hace más de tres décadas, un joven investigador de la Universidad de Stanford realizó un experimento planeado para dos semanas, pero tuvo que cancelarlo a los seis días. Después de seleccionar rigurosamente a un grupo de estudiantes para asegurarse de que no tuvieran inclinaciones psicológicas anormales, los dividió en dos grupos: guardias y prisioneros.

Reprodujo cuidadosamente el ambiente de una prisión y empezó a darles instrucciones a los guardias para que torturaran a los prisioneros. Rápidamente, estudiantes básicamente sanos estaban administrándoles choques eléctricos (simulados, pero ellos no lo sabían) a los “prisioneros” para obtener valiosa información sobre ellos. Zimbardo, el psicólogo que diseñó el experimento (que tiene, como casi todo estudio, sus limitaciones), ha continuado esta línea de investigación y, en una entrevista reciente sobre su última publicación, comenta:Antes de juzgar a los individuos, es importante ser considerado y pensar en qué situación se encontraban que pudo propiciar la mala conducta… ¿ por qué no pensar primero que son manzanas buenas en un barril podrido en vez de manzanas malas en un barril bueno?

Situación tóxica. Zimbardo, que ha estado involucrado en el análisis de los soldados que participaron en las barbaridades cometidas en la prisión Abu Ghraib, en Iraq, piensa que la explicación a estas atrocidades no está en la disposición a la maldad de los individuos, sino en la situación tóxica en que se encontraban. Anticipo que los lectores estarán pensando: Pero la responsabilidad es individual, siempre, en la peor de las circunstancias se puede hacer lo correcto.

Por supuesto que sí, alguien, siempre, privilegiado con una fuerza moral extraordinaria, puede hacer lo correcto en la situación más detestable. Pero no somos tantos como parece deducirse por las casi incontables manifestaciones públicas de indignación moral hacia Casas y Sánchez.

El bien y el mal. En el libro Nunca cometemos errores, de Alexandr Solzhenitsyn, se lee: Nos gustaría pensar que la gente mala está allí, en un lugar, cometiendo maldades traicioneramente, y lo que tenemos que hacer es separarlos del resto de nosotros y destruirlos. Pero la línea que divide el bien y el mal atraviesa el corazón de todos los seres humanos, y nadie quiere destruir un pedazo de su propio corazón.

Esta perspectiva de la condición humana podría traer sobriedad a la discusión sobre la situación que vive el país en estos días tristes.

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