Costa Rica, Viernes 28 de septiembre de 2007

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Julio Rodríguez | envela@nacion.com

En Vela

Me expongo a concitar contra mí las maldiciones de Mons. Trejos y la inquina del P. Armando Alfaro, de Gerardo Vargas y de otros sacerdotes, entre los 92 firmantes del manifiesto de anteayer contra el TLC (el 10% del clero).

He repasado con devoción las firmas de estos sacerdotes, a quienes, como católico y ser humano, respeto. Ahí están los que me han descalificado con deleite y han contaminado el evangelio con el TLC. La última andanada contra mí, el vier- nes pasado, ocurrió en una misa en Heredia, en un funeral, con todo y muerto. Lo primero no me desvela, pero lo otro me duele por el alejamiento de los católicos, cada vez más notorio, heridos por los malos ejemplos. Lastima ver, entre los firmantes, a alguno que ha atacado en forma ruin al propio papa Juan Pablo II y se ha mofado de la Iglesia Católica. Al parecer, “la valoración ética” tiene varios sentidos.

¿Ética? Una palabra explosiva. Hay que blandirla, a sabiendas de nuestra imperfección humana, o bien precisamente por ella, pero no es correcto manipular los valores éticos o religiosos en un amasijo de mentiras y explotación de la estrategia del miedo, el mismo que les endilgaron a los contrarios. ¿Por qué? Porque esta proclama sacerdotal no es sino la recolección de las falsedades del diputado Merino, de Albino y otros sindicalistas, del PAC y otros políticos, estudiantes y profesionales, a lo largo de estos tres años. No es correcto montar ideologías y sofismas en el propio atrio del templo, máxime cuando, para aplacar la conciencia, declaran que buscaron asesoramiento “entre los mejores expertos del país”. No les preocupa la cándida omisión de la sentencia de la Sala Cuarta, que pulveriza el documento sacerdotal y el de los expertos, el brutal ataque contra la institucionalidad democrática o la invitación a dos congresistas gringos embusteros. Se miente por omisión.

¡Lástima tantas firmas ausentes de los grandes problemas del país: la pobreza, el narcotráfico, la inseguridad ciudadana, la corrupción, el cinismo (“haced lo que predico, no lo que hago”), la corrupción de menores, la desintegración familiar, la mala gestión pública, la mediocridad del sistema educativo, la lucha de clases (de buen tono en ciertos círculos), las bandas juveniles y otras desventuras! Y ¡lástima que estos 92 sacerdotes, asesorados por intelectuales de alto coturno, no nos hayan dicho qué hará Costa Rica, si gana el NO, marginada, enclochada y al arbitrio político de los manejadores del NO!

No hay sacerdotes a medias. El sacerdote es siempre sacerdote. Costa Rica está mal. La crisis de fe es enorme y la mentira nos avasalla. Por favor, háblennos de Dios.

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