Costa Rica, Viernes 28 de septiembre de 2007

/EL MUNDO

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EE. UU. pide a China que intervenga en crisis

Nueva jornada de represión en Birmania deja 9 muertos

 Uno de los muertos fue un fotógrafo japonés a causa de los disparos

 Soldados allanaron monasterios en la noche y detuvieron a cientos de monjes

Rangún. Reuters. Soldados y policías dispararon ayer contra manifestantes en la mayor ciudad de Birmania y les dieron 10 minutos para despejar las calles o lo volverían a hacer, en el segundo día de represión, que dejó nueve muertos, contra el mayor levantamiento popular en 20 años.

Un número mucho menor de manifestantes salió a las calles ayer, después de que soldados allanaron monasterios en medio de la noche y detuvieron a cientos de monjes budistas que habían liderado las marchas.

Mientras la preocupación internacional aumenta, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, pidió a todos los países que tengan influencia en Birmania que digan a la junta militar que deje de utilizar la fuerza.

Bush se reunió con el Ministro de Relaciones Exteriores chino para presionar.

“Toda nación civilizada tiene la responsabilidad de levantarse por la gente que sufre bajo un régimen militar brutal como el que ha gobernado a Birmania desde hace mucho”, dijo Bush en una declaración en la que se refirió al país por su antiguo nombre y no por el de Myanmar, adoptado por la Junta Militar en 1989.

China, vecino de Birmania y uno de los pocos aliados del régimen, es un socio comercial clave y un importante proveedor de armas y es visto como el eje de cualquier esfuerzo internacional por calmar la situación.

Muere un testigo. Uno de los muertos era un fotógrafo japonés, quien fue alcanzado por los disparos cuando los soldados despejaban una zona cercana a la Pagoda Sule, el centro de las protestas.

Durante la operación militar, los altavoces emitieron señales de alerta, en un siniestro recordatorio del despiadado aplastamiento de una revuelta en 1988 en el que murieron más de 3.000 personas.

En otra zona de Rangún, soldados dispararon contra la multitud después de que un camión militar embistió a los manifestantes, dijeron testigos. Tres personas murieron instantáneamente.

La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por su sigla en inglés), en un comunicado inusualmente fuerte exigió a Birmania, país miembro, que detenga el uso de la violencia y expresó “repulsión” por los asesinatos.

En la Pagoda Sule de Rangún, 200 soldados marcharon hacia la multitud y la policía antimotines golpeó sus escudos de ratán con bastones de madera. “Es un ruido aterrador”, dijo un testigo.

El Ejército actuó poco después de que un millar de manifestantes arrojaron piedras y botellas de agua contra ellos, provocando un ataque de la policía, en el que se dispararon tiros.

Los operativos de represión en el país de 56 millones de habitantes comenzaron el miércoles, cuando soldados y policías lanzaron gas lacrimógeno, golpearon con palos a los manifestantes y arrestaron hasta a 200 monjes en un intento por aplastar el levantamiento.

Los soldados que dispersaban a las multitudes perseguían a quienes huían y golpeaban a quienquiera que atraparan, afirmaron testigos de los acontecimientos.

Otro monje budista, además de los cinco que murieron el miércoles, perdió la vida en las redadas de medianoche en monasterios.

“Las puertas fueron forzadas, las cosas fueron registradas y requisadas. Es como vivir en un infierno, ver los monasterios asaltados y a los monjes ser tratados con crueldad”, agregó un testigo.

Birmania

Ojos y oídos por todas partes

La Junta Militar de Birmania tiene una eficiente maquinaria de espionaje y control de la información que ha desarrollado durante cuatro décadas de régimen, período en el que han destinado muchos millones de dólares al montaje de una de los más sofisticadas y extensas redes de espionaje en Asia.

“Los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad tienen interceptados todos los sistemas de telecomunicaciones del país”, dijo Desmond Ball, de la Universidad de Camberra.

Poseer un radioteléfono no declarado a las autoridades acarrea la detención y quien sea sorprendido con un teléfono satelital será acusado de alta traición y condenado a una pena mínima de 20 años de cárcel.

Para disponer de una computadora, hay que pedir un permiso especial, e infringir esa ley es castigado con penas que van de siete a 15 años de prisión.

En los hoteles de Rangún y en otras ciudades, las llamadas son interceptadas y, si se emplea el servicio de Internet del establecimiento, este se queda con una copia del mensaje. Los birmanos de a pie dicen que el régimen tiene “oídos y ojos” en todas partes, según la agencia EFE.

FOTOS

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Monjes budistas oran frente a policías antimotines en una de las calles de Rangún. El número de manifestantes bajó ayer debido a la represión. AP

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Foto del 2006 del fotógrafo japonés Kenji Nagai (izq.), junto a Jaled Meshal (centro), líder palestino de Hamás en Siria. Nagai murió ayer en Rangún. EFE

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Destrozos en un monasterio al este de Rangún, tras las incursiones militares de la noche. AFP

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