Costa Rica, Miércoles 26 de septiembre de 2007

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Víctima vivió aislada y presa del terror

Otto Vargas M.y Rónald Moya | ovargas@nacion.com

Maureen fue víctima de una relación abusiva y violenta en ascenso, caracterizada por gritos y golpes que provocaron en ella terror y aislamiento.

Ese fue uno de los factores que tomaron en consideración las juezas del Tribunal de Juicio de San José para imponer la pena máxima –35 años de prisión– a Luis Fernando Burgos por asesinar a su esposa Maureen Hidalgo Mora.

“El círculo de violencia fue en ascenso, al punto de llevar a Maureen a un estado de terror; eso es lo que culmina con su muerte”, explicaron las juezas.

Dijeron, además, que la forma de darle muerte –mediante estrangulación– fue cruel “y eso debe ser reflejado en la pena”.

“El homicidio ocurre en un lugar donde regularmente las personas están a salvo de amenazas (en la casa del matrimonio).

“Sin embargo, es en ese ámbito que el imputado comete el homicidio de su esposa, a la que sorprende dentro de su casa desprevenida e indefensa”.

Las juezas no dieron crédito a otras hipótesis que pretendieron desviar la atención del crimen hacia ladrones de carros o problemas de infidelidad.

Sin sustento. “El imputado relaciona la desaparición de su esposa con un secuestro inexistente.

“Vincula, desde el inicio del proceso, a su esposa con actividades ilícitas (Burgos dijo que Hidalgo buscó a ladrones de carros para deshacerse de tres vehículos en poder de su familia), esto con el propósito de desvincularse del homicidio.

“Este tribunal no entró a valorar motivaciones de robacarros o infidelidad porque está acreditado el círculo de violencia”, explicaron las juezas.

Puntualizaron, además, que entre el 12 y el 16 de julio del 2006 (días en los que se desconocía el paradero de Maureen) Burgos “torturó” a la familia de la víctima al hacerles creer que estaba secuestrada, y que él asumió el papel de “víctima preocupada” para alejar cualquier sospecha en su contra.

La pena también fue elevada al tomar en consideración que Burgos –quien fuera uno de los mejores abogados de la Defensa Pública– era un profesional a quien correspondió impartir justicia, “por lo que es más exigible el cumplimiento de las normas”.

Durante la intervención del Tribunal, el sentenciado se mantuvo inexpresivo. De la sala de debates salió esposado y en silencio. Nunca miró a la audiencia que, en forma numerosa, abarrotó ayer el recinto. Colaboró Alexandra Hidalgo.

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Miguel Hidalgo y Vera Mora, padres de la víctima, dijeron a la salida de los tribunales que su hija ya puede descansar en paz. Mario Rojas

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