Búsqueda
Avanzada
Lunes 24 de septiembre, 2007
San José, Costa Rica.

  Servicios | Archivo | Escríbanos | Fax gratis | Nacion.com en PDA, celular, e-mail,  

Noticias
Nacionales
Sucesos
Deportes
Internacionales
Economía
Aldea Global
Week in Review
Futbol: Campeonato 2007-2008
Sitio especial sobre cambio climático
Sitio de Mapas

Editoriales y Opinión
Opinión
Cartas
Xpresiones
Chats
Foros
Obituario

Ocio y Cultura
Viva (Entretenimiento)
Áncora (Cultura)
Caja de Cambios (Motores y transporte)
Tiempo Libre
Teleguía
Proa (revista dominical)
La Nación en Imágenes
Cinemanía
Tarjeticas
Horóscopo
Crucigrama
Calendario 2007

Especiales Noticiosos
Nueva ley de Migración
Conferencia mundial sobre sida 2006
Mundial 2006
Elecciones 2006
Especial Escogiendo Escuela
Listado Completo

Educación y Ciencia
Tribuna del Idioma

  Documentos
Leyes
Informes

Especiales
Especial de salud: Bienestar integral
Festival Imperial
Inventario completo

Quiénes somos
Teléfonos, fax y direcciones de La Nación
Preguntas frecuentes nacion.com
Ver edición más actual de nacion.com
Equipo de nacion.com
Emails de Redacción
Trabaje en Grupo Nación

Noticias Opinión:


Teoría personal de los confites de don Pepe

Razones históricas de una respuesta simpática, pero no satisfactoria

Eladio Jara Jiménez
eladiojara@yahoo.com
Ingeniero

En este asunto de la finca que se compró para la Orquesta Sinfónica Nacional, con alguna contribución que don Pepe había recibido para ese fin, alguien mencionó en los periódicos que don Pepe había dicho que esa plata se la había comido en confites. La cita resulta extemporánea; no fue así.

Los confites de don Pepe son de otra época; pertenecen a los años 1948-49, cuando en un presupuesto de la Junta del Gobierno Revolucionario aparecieron ¢28 millones cuyo destino no estaba muy claro.

La Naciónse atrevió a preguntar en uno de sus editoriales en qué se había gastado ese dinero. Y don Pepe, que, cuando se ponía bravo, siempre contestaba con algún desplante respondió: “Me lo comí en confites”.

La respuesta era simpática, pero no satisfactoria. Hay razones históricas de aquella época que permiten suponer el destino de esos ¢28 millones.

Hecho difícil. Precisamente acababa de terminar la revolución de 1948, cuyo propósito era hacer respetar la voluntad popular, que se pretendía burlar para que el doctor Calderón Guardia siguiera gobernando.

Esa revolución fue un hecho histórico difícil. Don Pepe, quien había sido enviado al exilio por atacar al Gobierno de Calderón, comenzó a organizarse con la ayuda de otros exiliados de diversos países del Caribe que estaban gobernados por dictadores.

Esa ayuda no era gratuita, tenía por objeto terminar con todos los dictadores del área y por eso se formó lo que llamaron la Legión Caribe, integrada por revolucionarios costarricenses, dominicanos, hondureños, venezolanos y nicaragüenses.

Compromisos evidentes. El asunto es que, una vez lograda la paz en nuestro país, don Pepe tenía que cumplir sus compromisos internacionales con quienes le habían ayudado con armas y soldados.

Y don Pepe, comprometido por las circunstancias, prefirió pagar con dinero las ayudas que había recibido de líderes extranjeros, antes que mandar a la guerra a los muchachos costarricenses que le ayudaron a triunfar aquí.

Esta última teoría es muy personal y solo don Pepe sabría si fue cierta o no.

La verdad se fue con él para el otro mundo.

Sala de Redacción
Latinoamérica Ya
Mundo Ya
Deportes Ya
Gente Ya
Nuevas Tecnologías


Especiales
Especial de salud: Bienestar integral
Festival Imperial
Inventario completo


Suplemento inmobiliario M
Tarifario Grupo Nación
Suplemento comercial Mano a mano
Anúnciese en nacion.com
Suscríbase a La Nación
El Empleo.com
Economicos.com


Obituario
Diario Oficial La Gaceta