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Teoría personal de los confites de don Pepe Razones históricas de una respuesta simpática, pero no satisfactoriaEladio Jara Jiménez eladiojara@yahoo.com Ingeniero En este asunto de la finca que se compró para la Orquesta Sinfónica Nacional, con alguna contribución que don Pepe había recibido para ese fin, alguien mencionó en los periódicos que don Pepe había dicho que esa plata se la había comido en confites. La cita resulta extemporánea; no fue así. Los confites de don Pepe son de otra época; pertenecen a los años 1948-49, cuando en un presupuesto de la Junta del Gobierno Revolucionario aparecieron ¢28 millones cuyo destino no estaba muy claro. La Naciónse atrevió a preguntar en uno de sus editoriales en qué se había gastado ese dinero. Y don Pepe, que, cuando se ponía bravo, siempre contestaba con algún desplante respondió: “Me lo comí en confites”. La respuesta era simpática, pero no satisfactoria. Hay razones históricas de aquella época que permiten suponer el destino de esos ¢28 millones. Hecho difícil. Precisamente acababa de terminar la revolución de 1948, cuyo propósito era hacer respetar la voluntad popular, que se pretendía burlar para que el doctor Calderón Guardia siguiera gobernando. Esa revolución fue un hecho histórico difícil. Don Pepe, quien había sido enviado al exilio por atacar al Gobierno de Calderón, comenzó a organizarse con la ayuda de otros exiliados de diversos países del Caribe que estaban gobernados por dictadores. Esa ayuda no era gratuita, tenía por objeto terminar con todos los dictadores del área y por eso se formó lo que llamaron la Legión Caribe, integrada por revolucionarios costarricenses, dominicanos, hondureños, venezolanos y nicaragüenses. Compromisos evidentes. El asunto es que, una vez lograda la paz en nuestro país, don Pepe tenía que cumplir sus compromisos internacionales con quienes le habían ayudado con armas y soldados. Y don Pepe, comprometido por las circunstancias, prefirió pagar con dinero las ayudas que había recibido de líderes extranjeros, antes que mandar a la guerra a los muchachos costarricenses que le ayudaron a triunfar aquí. Esta última teoría es muy personal y solo don Pepe sabría si fue cierta o no. La verdad se fue con él para el otro mundo.
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