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Futbol Nacional Ambos equipos utilizaron suplentes y guardaron cartas para juego por Uncaf Gustavo Jiménez M. gujimenez@nacion.com Puntarenas. A mediados de esta semana, envalentonados por el empate 1-1 en el juego de ida por el torneo de Uncaf, la página oficial de Saprissa en Internet afirmó en una nota: “La olla mágica ya no cocina, solo calienta”.
Ayer, Puntarenas demostró que no solo puede calentar y cocinar en su estadio, sino también aporrear. Más cuando al rival se le ocurre encomendar el partido a un grupo de suplentes. Ambos equipos recurrieron a la banca para este compromiso, que pasó a ser de segundo plano al quedar en medio de la serie por el torneo centroamericano.
El objetivo de tantas variantes no era solo dar un espacio de descanso a los titulares. También había un interés de guardar cartas, de no mostrar nada de cara al decisivo partido del miércoles. Para Saprissa, por qué no, también pudo haber alguna intención de no comprometer la reserva anímica de sus estelares en un Lito Pérez que les ha resultado imposible en los últimos años. Digámoslo así: no exponer al primer equipo ante un rival que, en casa, es capaz de pisotear a cualquiera. Más cuando el segundo partido por la Uncaf está a solo unos días de distancia. El caso es que los titulares morados vieron el partido de lejos. Esto abrió campo a una defensa central sub-23 (Jody Stewart, Érick Sánchez y Daniel Arce) a la que este encuentro le quedó no grande, sino enorme. Los porteños también utilizaron la “segunda unidad”. Pero ojo: el técnico Luis Diego Arnáez siempre alineó a su capitán y líder de la defensa, Roberto Wong. En medio de los suplentes, Wong fue liderazgo y guía. Algo de lo que careció Saprissa.
Imparables. Los tibaseños se vieron mal especialmente por el aporte de Jorge Barbosa y Edgar Greaves. Entre ambos delanteros pusieron de cabeza a sus celadores, con una combinación de fintas y alta velocidad. El gran recurso de Puntarenas en la primera mitad fue, sin embargo, la bola muerta. Dos tiros de esquina terminaron en la red: uno por el cabezazo de José Garro y el otro gracias a la astucia de Rodolfo Arnáez en el cobro “olímpico”, en el que se confabuló la mala actuación del arquero visitante Fausto González. En medio de esas anotaciones los tibaseños disfrutaron de un “gol-espejismo”. Aquel 1-1 parcial llamó a engaño: dio la imagen de igualdad, cuando en realidad el cuadro naranja apenas estaba a punto de pasar la aplanadora. Para el complemento, Saprissa decidió ir de nuevo por el empate. La tarea no solo resultó infructuosa, sino que la fragilidad de su defensa le abrió el portillo a dos goles más para el equipo de casa.
Barbosa y Greaves terminaron de montar su baile. Fue uno de esos días de inspiración, donde parece que cualquier hazaña es posible. Saprissa se lleva su peor paliza de la temporada. La olla mágica vuelve a ser reducto inexpugnable. Esta vez los porteños no solo cocinaron; se dieron un banquete. Ante un oponente como Puntarenas, que es de hierro cuando juega a la orilla del mar, la apuesta del cuerpo técnico morado fue muy arriesgada. Quizás ahí está una de las lecciones para los visitantes: hay partidos que no se le pueden encomendar a los suplentes.
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