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Ojo Crítico Rodolfo Cerdas Con culpar al PAC, el Ejecutivo no subsanará sus errores estratégicos y tácticos. Negarse a negociar con él, siendo su opositor mayoritario, y subestimar al Movimiento Libertario, su aliado más firme por el TLC, tenía que conducirlo al callejón sin salida en que está. El PAC pidió posponer la agenda de implementación hasta después del referéndum, pero el Gobierno dijo que la agenda era separada y continuaría con ella triunfara el SÍ o el NO. El PAC replicó que, en tal caso, de ganar el SÍ combatiría esa agenda independiente. Atrapado en su propia red y sin negociar, don Óscar lanzó una especie de ultimátum por la prensa al PAC: si gana el SÍ, el PAC deberá aprobar la agenda sin discutir; y, si gana el NO, el Ejecutivo no la promoverá. Todo o nada. El método no podía ser peor: ¿por qué el PAC debe aceptarle sus ocurrencias –ayer era que no y hoy es que sí–, no negociadas con el respeto que merece el partido que casi le gana las elecciones? La celada, demasiado obvia: si no gestiona la agenda, caso de ganar el NO, el Libertario ¿obedecerá la orden presidencial, renunciando a su programa de apertura? Tal vez, claudicante, lo haga el PUSC, pero jamás el Libertario. El Ejecutivo le dió al PAC la sartén por el mango y el mango también. Pero pretende seguir ignorando a don Ottón, al PAC y, en general, a la oposición, que ve como mero obstruccionismo. Olvida que su liderazgo es débil, que hay una crisis del sistema de partidos y que en la sociedad civil hay muchos nuevos actores que no le temen al poder. El Libertario lo advirtió a tiempo, pero lo ignoraron, porque lo ven como ven al PUSC: un pobre aliado que seguirá sus dictados. Esa ceguera dejó al Gobierno en una situación en que, si la ensarta, pierde y, si no, también. Hoy se sabe que doña Evita Arguedas gestionó una reunión de don Óscar y don Ottón, en compañía de los obispos, pero que fracasó por la negativa del Presidente. Esa ojeriza política le impide el diálogo, la negociación y atenuar la crispación creciente. Se yerra con el PAC y con el Libertario y, encima, se maltrata a la Iglesia Católica, preocupada por los más pobres y la grave situación social, posponiéndola por un sector oportunista del protestantismo, que le dice que sí a todo, a cambio de prebendas. Esta suma de errores, más el “memo”, evidencia el error de quienes, por apoyar el TLC, se han abstenido de criticar los yerros del Gobierno y su presidente. Todos han sido aplausos. Ahora la situación política está gravemente comprometida. Para decirlo con una argentina claridad, todos: el Presidente y su gobierno, el TLC y la agenda de implementación, están en el aire y sin paracaídas.
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