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Comentario del Evangelio: Astucia Hoy se nos pone ante la llamada parábola del administrador infiel. Se debe tomar en cuenta que el texto muestra elementos que, para captarlos en toda su riqueza, obligan a un esfuerzo de contextualización. Lo primero a tomar en cuenta es que en tiempos del Señor un administrador era un personaje que, siendo normalmente un esclavo nacido en la casa, recibía del amo una serie de responsabilidades que debía desempeñar con cierta libertad y creatividad. Pero había un detalle más. Aunque ese administrador era esclavo y estaba para beneficiar los intereses económicos de su dueño, podía gestionarse cierto beneficio haciendo algún negocio o préstamos a intereses más o menos altos. En la parábola que Jesús cuenta, parece ser que el administrador no es honesto. Más ante la amenaza de ser despedido, ante la crisis que se le viene encima, parece que aquel hombre siempre ha sabido lo que debía hacer. Así procede con destreza y se muestra decidido a mostrar al amo que no es tan malo como él cree. Se da a la tarea de corregir su imagen. Es probable que en su proceder no afecte el peculio del dueño, sino más bien sus propios ingresos en razón de intereses exagerados. Ante tal proceder, el amo de aquel administrador le felicita. Ha sido astuto. Ha sido capaz de desprenderse de los intereses que exigía y ahora puede contar con amigos que le pueden apoyar. Gana menos, pero crece en justicia. El cierre de la narración de Jesús le sirve para una enseñanza esencial: hay que proceder con prudencia y moderación de cara a los bienes materiales. Y ello por un dato de siempre: el dinero puede corromper hasta al más honesto si éste no se cuida siempre. El versículo 13 es muy particular. Los expertos opinan que se trata de una sentencia del Señor que el evangelista recoge de la llama fuente Quelle y cuyo contenido se sale un poco del resto del relato. Jesús, al pronunciarla, hace referencia a un tema central: la exigencia de la entrega total al Señor. O si se quiere: el orden de prioridades que el seguimiento cristiano implica. ¡Nada por encima del amor a Dios! Se imponen aquí algunas preguntas: ¿cómo proceder hoy sin caer en abusos deshonestos en el manejo de los bienes ajenos, ya sean públicos o privados? ¿Cómo lograr que las nuevas generaciones no caigan en el culto al dinero, a la comodidad y al tener que ahoga el amor a Dios en sus corazones? ¿Cómo ser de los astutos buenos que son capaces de recuperar su imagen perdida procediendo virtuosamente al final de su camino? ¿Será posible que vuelvan los tiempos en que el ser humano se valore por lo que es y no por lo que tiene, compra o vende? ¿Qué piensa usted? Meditemos. Pbro. Mauricio Víquez Lizano
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