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/LA NACIÓN

Memorando, fariseísmo y cambalache

Si conociéramos todos los memorandos, ¡cuántos mitos se derrumbarían!

Fernando Araya
consulfe@hotmail.com
Economista

Las sociedades humanas anhelan la perfección, pero son incapaces de alcanzarla; conciben lo sublime, pero se gozan en el barro de sus mezquindades. Esto pensé al valorar el triste memorando conocido en estos días, elocuente ilustración de la política de viejo cuño, prisionera del clientelismo, la simulación y el disfraz.

Más allá de la coyuntura. Leyendo el triste texto, arribé a la siguiente conclusión: la inserción del país en la economía global, que conviene profundizar, exige una reforma social que erradique el clientelismo político/sindical, modernice el Estado, correlacione ética, política y economía, derrote la pobreza, disminuya la desigualdad y expanda la cultura de la excelencia y los emprendimientos en todos los ámbitos, en especial en educación, ciencia y tecnología. Recordé también la obra musical de Enrique Santos Discépolo, que describe la faceta oscura, cínica, de la condición humana. Es importante este aspecto. Más allá de las disculpas, del farisaico rasgarse las vestiduras y del falaz intento de presentar a unos como santos eternos y a otros como pecadores perpetuos, el memorando es un pequeñísimo ejemplo, infantil, circunstancial y efímero, de algo más profundo: la irredenta vocación al engaño y al autoengaño que carcome como un gusano las interacciones sociales.

Un tango. A menudo los artistas dicen lo que el mundo calla. Leamos, como si de un exorcismo se tratara, Cambalache. Se trata de un texto que en su pesimismo unilateral encierra la lucidez del desengaño.

Cambalache(tango, 1934).

Letra y música de Enrique Santos Discépolo.

“Que el mundo fue y será una porquería/ya lo sé.../(¡En el quinientos seis/y en el dos mil también!)./Que siempre ha habido chorros,/maquiavelos y estafaos,/contentos y amargaos,/valores y dublé.../Pero que el siglo veinte/es un despliegue/de maldá insolente,/ya no hay quien lo niegue./Vivimos revolcaos/en un merengue/y en un mismo lodo/todos manoseaos...

¡Hoy resulta que es lo mismo/ser derecho que traidor!.../¡Ignorante, sabio o chorro,/generoso o estafador!/¡Todo es igual!/¡Nada es mejor!/¡Lo mismo un burro/que un gran profesor!/No hay aplazaos/ni escalafón,/los inmorales/nos han igualao./Si uno vive en la impostura/ y otro roba en su ambición,/¡da lo mismo que sea cura,/colchonero, rey de bastos,/ caradura o polizón!...

¡Qué falta de respeto, qué atropello/a la razón!/¡Cualquiera es un señor!/¡Cualquiera es un ladrón!/Mezclao con Stavisky va Don Bosco/y "La Mignón",/Don Chicho y Napoleón,/Carnera y San Martín.../Igual que en la vidriera irrespetuosa/de los cambalaches/se ha mezclao la vida,/y herida por un sable sin remaches/ves llorar la Biblia/contra un calefón...

¡Siglo veinte, cambalache/problemático y febril!.../El que no llora no mama/y el que no afana es un gil!/¡Dale nomás!/¡Dale que va!/¡Que allá en el horno nos vamo a encontrar!/¡No pienses más,/sentate a un lao,/que a nadie importa/si naciste honrao!/Es lo mismo el que labura/noche y día como un buey,/que el que vive de los otros,/que el que mata, que el que cura/o está fuera de la ley...”.

¿Mitomanía? La situación descrita en Cambalache remite a Ernst Dupré, quien en 1905 denominó mitomanía a la “tendencia patológica… a la mentira y creación de fábulas imaginarias”. El mitómano inventa una mentira y actúa como si fuese verdad. ¿No es este tipo de engaño el observado en ciertos ámbitos políticos, ideológicos, gremiales y academicistas? ¿No es la mitomanía el secreto resorte de muchos memorandos que se escriben, un día sí y otro también, desde hace siglos? Si conociéramos todos los memorandos, ¡cuántos mitos se derrumbarían!

Luces en las sombras. Seamos, sin embargo, optimistas... hay luces en las sombras, Jesús, Buda, la Madre Teresa, el Dalái-lama, Francisco de Asís y cientos de miles de costarricenses que en sus trabajos y anhelos permanecen ajenos a los ajetreos, temores y temblores de las atolondradas costumbres mitómanas. Parafraseando a Ernesto Sábato, en tiempos oscuros, confusos, ayudan quienes saben andar en las sombras.

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