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Opinión Arnoldo Rivera mail@nacion.com Periodista El folclórico incidente de “espionaje” practicado por el asistente técnico del Puntarenas F. C., Alfredo Diablo Contreras, el miércoles pasado contra el Saprissa no es grave; mas sí es chusco y una falta grosera al Fair Play (Juego Limpio). Eso de andar orejeando conversaciones ajenas –aunque el otro hable a gritos– no es propio de gente educada y, sobre todo, de alguien que tiene responsabilidad sobre un grupo. Tampoco es aceptable que un equipo, que apunta a ser grande, recurra a esas triquiñuelas, digna de escolares. Aunque en el momento, Contreras tuvo la posibilidad de alejarse, le vamos a conceder que no le quedó más remedio que “echarse el rollo” de lo que se hablaba en el camerino de la “S”. Lo que no es de recibo es que saque pecho y amenace con repetirlo mañana; en otras palabras, está dispuesto a repetir la trampa e infringir de nuevo el Fair Play . Mala señal para los jugadores porteños: el Puerto está en desventaja si un miembro del cuerpo técnico no anda husmeando en la vecindad a ver qué se cacha. Primer Mundo. El deporte, en principio, se rige por códigos de lealtad y sana competencia: que gane el mejor, de acuerdo con sus capacidades y habilidades. Los tramposos son una mala onda y por eso en el Primer Mundo son castigados sin miramientos. En el llamado futbol americano Bill Belichick, entrenador de los Patriotas de Nueva Inglaterra, de la NFL, “jugó de vivo” y ordenó grabar en video las señales defensivas de los Jets de Nueva York. De tal modo, podría anticipar las jugadas de sus adversarios y obtener una ventaja, antideportiva a todas luces. Sin embargo, lo pillaron y las autoridades de la NFL actuaron con rigor: Belichick fue sancionado con una multa de $500.000. A los Patriotas no les fue mejor: fueron castigados con $250.000, perdieron la oportunidad escoger jugadores en la primera ronda del próximo draft , si se clasifican al play-off , y en todo caso se le anularon las selecciones de segunda y tercera ronda. “Este episodio representa un intento calculado y deliberado para eludir reglas (...) creadas para estimular el juego limpio y promover una competencia honesta”, rezó un comunicado de la NFL. Lo que pasó en el Lito Pérez no se acerca a lo sucedido en la NFL en gravedad y premeditación; pero, en lo medular, son idénticos: en los dos casos, al Fair Play se lo llevó el diablo.
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