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‘Papi, papi, salvemos a la Virgencita’


Nicolás Aguilar R.
naguilar@nacion.com

A Noel León Parrales, de 12 años, lo arrastraba la corriente la noche del miércoles, pero, cuando su padre lo tomó del cuello para salvarlo, sólo pensó en una imagen de la Virgen de El Carmen que se ganó semanas atrás en una rifa.

“Papi, papi, salvemos a la Virgencita, que no se la lleve el río”, le gritó mirando a todo lado para localizarla entre el torrente que no dejaba nada a su paso.

“Esa Virgencita me la gané con el número 27 y la quiero mucho. Cuando la vi, me alegré mucho y la agarré porque ya se la llevaba el río”, recordó Noel.

El niño, que cursa quinto año de escuela, también pudo rescatar de entre la corriente a su mascota, una perra criolla llamada “Princesa”, a la que chineaba ayer frente a los escombros de su casa.

“Dios es grande. Viera que la correntada se llevó todo y lo poco que dejó está destruido. No logramos salvar nada, pero esa Virgen no tiene ni un rasguño”, comentó Armando León, padre del niño.

Noel, sin embargo, lamentaba no haber salvado “los cuadernos ni el uniforme de la escuela” y preguntaba a sus padres: “¿Cómo puedo ir ahora a clases?”.

“Ojalá que no me pongan ausencias. Ahora no tengo ni dónde vivir y no creo que pueda ir a clases durante algún tiempo”, agregó sin dejar de abrazar a la Virgen.

El pequeño, al igual que decenas de menores, ayudaba ayer quitando escombros y, pese a que a las 11 a. m. no había desayunado, nadie lo escuchó quejarse. “Tengo hambre, pero no tenemos nada y mis tíos dicen que no gano nada llorando. Creo que la Virgencita nos ayudará, estoy seguro de eso”, comentó.

Otros afectados por las inundaciones en la noche del miércoles también intentaban, a su manera, salir adelante. “Aquí es trabajando, no podemos esperar que todo nos caiga del cielo”, aseguró Jorge Porras Alfaro, mecánico de 48 años.

Auque pasó “toda la noche subido en un mueble porque la corriente nos jalaba”, este hombre, quien dice padecer de diabetes, confía en que “muy pronto todos saldremos adelante”.

“Perdí todos los chunches y mi casa quedó toda desmantelada, pero Dios no nos abandonará nunca, ya nos ayudará”, añadió Porras.

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