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Dios, riqueza y TLC

Costa Rica está obligada a aumentar su riqueza y a ser próspera

Enrique Tovar
etovar47@hotmail.com
Periodista

Nuestro padre Abraham fue un hombre rico, a quien Yavé Dios quiso y ayudó mucho, y vino a ser cabeza de tres iglesias: la judía, la católica y la musulmana. El rey David, aparte de su notable sagacidad, vivió en palacio y gozó de bienes materiales en abundancia. Y su hijo, el rey Salomón, amasó fortuna y fue el más poderoso hombre que jamás haya existido sobre la faz de la Tierra.

Y si brincamos al Nuevo Testamento, nos encontramos con Mateo, cobrador de impuestos del imperio romano, adinerado, que tuvo el privilegio de cenar en su casa con Jesús el Mesías. Y cuando Cristo quedó solo colgado en la cruz, José de Arimatea, un hombre de gran poder económico, pidió a Pilato el cadáver para depositarlo en una tumba nueva. Este acaudalado personaje buscó nada menos que el cuerpo de Cristo –el mismo que se recibe en la Sagrada Eucaristía–, para darle lo que hoy llamamos cristiana sepultura.

Lo condenable. ¿Está Dios contra la riqueza y contra los ricos? ¿Qué es lo que censuran las Sagradas Escrituras y las iglesias en general? Dios y la doctrina cristiana condenan el mal uso de los recursos, la avaricia, el egoísmo, la falta de solidaridad o ausencia de espíritu caritativo.

Se dice que las riquezas inducen al pecado. Pero ¿cuántos que no tienen ni dónde caer muertos también incurren en faltas de todo tipo? Un cuchillo sirve para cortar verduras en la cocina y sirve también, en manos del malvado o del homicida, para cometer una fechoría. Peca, asimismo, quien usa su inteligencia para el mal, sea rico o sea pobre.

No es, entonces, en la riqueza o en la producción de bienes donde está la culpa o la infracción. “Es lo malo que sale del corazón del hombre lo que lo hace pecador”. Es el incorrecto uso de los recursos –pocos o abundantes– lo que nos hace perversos.

¿Y quién es el más rico del universo si no es Dios mismo, creador de todo lo que existe? Dios es rico en misericordia, en benevolencia y bienes materiales, pues no hay nada en la creación que no sea obra suya, y todo le pertenece a Él.

Manipulación. Lo anterior lo exponemos ante las majaderías de algunos –incluidos religiosos–, que solo traen a cuento la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro, haciendo una manipulación reprochable de la Santa Biblia, solo para tratar de ganar votos a favor de los que se oponen al Tratado Libre de Comercio (TLC) de Costa Rica con EE. UU.

Dios –lleno de riquezas y generador de riquezas– quiere la prosperidad espiritual, social y material de las personas y de los pueblos. Si producir bienes y alcanzar solvencia económica significara ganarse el infierno, caeríamos en una aberración, pues entonces para conseguir el cielo habría que cruzarse de brazos, dejar que se acreciente la miseria y que la humanidad entera, en el desamparo total por su propia voluntad, se muera de hambre.

Costa Rica está obligada a aumentar su riqueza, Costa Rica tiene derecho a incrementar la prosperidad y debe procurar más oportunidades a todos. Producir más y vender más en el extranjero los artículos que aquí se obtienen contribuye a hacer llegar el anhelado bienestar al mayor número posible de costarricenses.

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