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Revoluciones imaginarias del NO

Una campaña basada en visiones casi apocalípticas

Dennis Cordero Gamboa
dcgamboa@gmail.com
Arquitecto

Con cierto asombro y algo de temor, desde hace algún tiempo vengo siendo testigo de una proliferación de mensajes e ideas equivocadas y peligrosas. Mensajes que se ven en las calles, en los grafitis, en panfletos pegados en las paredes y en ciertos foros clandestinos que aparecen en Internet y que llaman por ejemplo a “la lucha callejera"; hablan de “imperios dominantes”, “planes macabros”, líderes tiranos y un pueblo oprimido. Mensajes que a menudo se abanderan con la gastada imagen del Che Guevara (a quien, por cierto, aún llaman… ¡comandante!).

Por demás, preocupa que la propagación de este mensaje domine y se haga eco valiéndose en algunos casos de los recursos públicos provistos para la educación universitaria.

Se trata de una campaña basada en visiones casi apocalípticas; hablan de dominación imperial, del secuestro sistemático de nuestras instituciones (el TSE incluido) y al mismo tiempo incitan a estar “en pie de lucha”, a la paralización y el levantamiento.

Incomparable sinsentido. Me pregunto cuál será la motivación de un líder sindical al hablar de “genocidio mercantilista”. ¿Sabrá acaso lo que significa genocidio? ¿Habrá visto alguna vez imágenes del genocidio en Darfur? Más aún, ¿habrá vivido un genocidio en carne propia? ¿Qué pretende entonces este “líder” sindical al comparar lo incomparable y hacer afirmaciones que no tienen el más mínimo sentido?

Se refieren a los sectores que apoyan el tratado de libre comercio como “filibusteros criollos” e invitan a “unirse a la lucha de la resistencia”. La sola invitación es alarmante, pues ya sobrepasa el debate ideológico y se adentra en el terreno de la confrontación y del caos social. Ciertamente no consigo encontrar aún sustento alguno a tales delirios.

La gente puede hacerse de la vista gorda, puede no tomarle importancia, pero lo cierto es que discursos similares cargados de delirios de revolución llevaron a la popularidad a tiranos como Hitler, Stalin y Mussolini.

Después, ¿qué? No puedo imaginar (ni quiero) qué tendrán en mente algunos grupos, en caso de que en el referéndum el pueblo se decide por el SÍ. Con total seguridad habrá reclamos exacerbados de fraude, y podría apostarlo todo a que llamarán a un levantamiento y desobediencia civil emulando a López Obrador en México. Y me pregunto: después ¿qué? ¿Qué se logra con eso?

Campañas como esta no han creado más que enfrentamiento social en otros países, con saldo lamentable. ¿Será este el resultado que se busca para Costa Rica? ¿Qué buen ejemplo de patriotismo es este? Qué flaco favor le hacen a la patria, a la democracia y a la paz pública que caracteriza a Costa Rica.

Lo cierto es que, independientemente de la conveniencia o no del tratado comercial, creo que esta es la campaña equivocada. Una campaña que infunde temor, atenta contra la paz social e incita a la división del país y al caos está lejos de ser una campaña de ideas, y ciertamente esconde intereses más oscuros.

Como ciudadano simplemente expreso mi opinión (porque aún tengo ese derecho) sobre lo que a todas luces me parece una actitud aberrante y peligrosa de parte de algunos líderes belicosos, que profesan ideologías caducas y ciertamente ponen en entredicho su cordura.

Pésimo ejemplo. Los cabecillas de estos grupos dicen “defender los intereses de los sectores populares”, y luchar contra “el terrorismo ideológico, la agresión psicológica y violencia institucional”. Sin embargo, llama la atención, por ejemplo, ver a uno de estos “líderes” perder sus cabales atacando físicamente a otro ciudadano, cuyo pecado es pensar distinto. Con esa acción no solo da un pésimo ejemplo de civismo, sino que, indirectamente, alimenta los delirios de lucha y enfrentamiento social que buscan estos grupos.

Pareciera entonces que estamos ante un doble discurso muy mal orquestado, donde no conectan lo que dicen con lo que hacen o, dicho más criollamente, borran con una mano lo que hacen con la otra. Y, al contrario, los verdaderos terroristas ideológicos son más bien aquellos que con su mal ejemplo invitan al caos, al desorden y a la desobediencia civil.

Pecarían de inocentes las autoridades si desde ya no están tomando medidas preventivas para anular cualquier amague de desorden. Como siempre, la mejor forma de acabar con el problema es prevenirlo, y en este caso acabarlo desde la raíz.

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