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EDITORIAL

Firmeza ante la amenaza

La amenaza nuclear de Irán es cada vez más inminente y peligrosa
Al proponer mayor firmeza, el Gobierno francés va por el camino correcto


Desde hace años, y pese a enormes esfuerzos, generosas ofertas y tímidas sanciones de la comunidad internacional, el régimen autocrático de Irán ha persistido en un programa nuclear con claros propósitos militares. Sus manipulaciones y desafíos resultan altamente peligrosos, tanto por la virulencia verbal y amenazas de sus gobernantes hacia otros países tradicionalmente “enemigos”, en especial Israel, como por tres razones adicionales: su capacidad de desestabilizar el precario equilibrio de seguridad en el Cercano Oriente, su potencial amenaza contra Europa y su cercanía a algunos grupos terroristas islámicos. Por todo lo anterior, no solo está plenamente justificada, sino que debe ser bienvenida, la firmeza que, frente a tan difícil realidad, ha demostrado el Gobierno francés.

El domingo, su ministro de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, quien se caracteriza por su visión humanitaria de las relaciones internacionales y su claridad al hablar, advirtió que, ante la resistencia iraní a modificar su política nuclear, había que mantener una activa línea diplomática, pero que, también, era necesario prepararse “para lo peor”; incluso, eventualmente, un conflicto militar. Al día siguiente, el primer ministro, François Fillon, respaldó las declaraciones de su Canciller y ahondó en ellas. “Los iraníes deben entender –afirmó– que la tensión es extrema”. Al reconocer, además, que “las sanciones (contra Irán) no se han llevado hasta las últimas consecuencias”, su mensaje fue muy claro, en el sentido de que, precisamente para no llegar al extremo militar, es necesario ser más firmes frente a la amenaza y más decididos en imponer un alto precio al régimen iraní por su desafío al mundo.

Debe reconocerse que, desde hace poco más de un año, la comunidad internacional ha sido más firme en su posición ante esa amenaza nuclear, pero no lo suficiente. Por ejemplo, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) ha denunciado claramente la falta de colaboración iraní para inspeccionar su programa nuclear, y prácticamente todos los países representados en su órgano ejecutivo, incluyendo los musulmanes, decidieron, en su oportunidad, enviar el caso al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Este órgano, por su parte ha condenado a Irán en tres oportunidades, y en dos de ellas decidió la imposición de sanciones. Sin embargo, por su debilidad y poca eficacia, lo más importante no ha sido el contenido de las medidas, sino la virtual unanimidad de los acuerdos y la coincidencia de criterio de los cinco miembros permanentes del Consejo: China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia.

Lo que, tristemente, pero con toda razón, nos dice ahora el Gobierno de Francia es que tales acciones no han sido suficientes. Por esto, se impone mucho más. De lo contrario, la disyuntiva, a mediano plazo, sería terrible: o aceptar un régimen nuclear en Irán, con su gran y mortífero potencial de agresión, o detenerlo mediante acciones militares, entre las cuales no se puede desestimar un letal ataque de Israel, el país más amenazado. La alternativa más razonable, aunque suene dura a los oídos de algunos, es la propuesta por los franceses: más firmezas ante la amenaza y sanciones mucho más duras y eficaces, entre ellas de índole financiera.

Todo esto se da en un contexto de crecientes amenazas del más extremo terrorismo islámico, como el de Al-Qaeda, que, en un vídeo difundido por una página de Internet, pidió, ni más ni menos, que acciones de “exterminación colectiva” contra Occidente. No hay ninguna prueba de que el régimen iraní tenga relación alguna con lo anterior. Pero sí es evidente su carácter autocrático, su desdén por las normas de la convivencia internacional, su vinculación con otros grupos extremistas y su desafío permanente. Por esto, lo peor sería volver los ojos ante la cruda realidad. Y lo mejor, despertar con vigor cuando aún es posible hacerlo sin grandes consecuencias.

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