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Un balance


Heraldo Muñoz
Embajador de Chile ante Naciones Unidas

El 1.º de enero del 2004 entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Chile y Estados Unidos, y se coronó así un largo camino iniciado en la década de 1990.

Pese a las evidentes diferencias entre la economía chilena y la primera economía del planeta, los beneficios del TLC han sido mutuos, aunque con un impacto positivo mayor para Chile, ventaja clave para un país donde el comercio exterior representa el 60% del PGB. La experiencia de Chile sugiere que Costa Rica también podría beneficiarse del Tratado de Libre Comercio entre EE. UU., Centroamérica y República Dominicana (CAFTA, por sus siglas en inglés).

Entre el 2003 y el 2006, en los primeros tres años del TLC, las exportaciones chilenas a EE. UU. crecieron un 167%. Los envíos de productos norteamericanos aumentaron un 123% en el mismo lapso. Desde la entrada en vigencia del Tratado, el intercambio comercial se ha robustecido y ha pasado de $7.949 millones el 2004 a $11.435 millones el 2005 y a $14.844 millones el 2006. Entre el 2003 y el 2006, el salto en el comercio bilateral fue del 148%.

En materia de liberalización arancelaria, 7.675 productos ya gozan de plena desgravación, y alcanzan el 95,6% de la actual canasta exportadora de Chile, cifra que llegará al 100% el 1.º de enero del 2015. Las exportaciones –excluido el cobre– aumentaron desde $3.310,2 millones en el 2003, a $5.400 millones en el 2006, incremento cercano al 63% en ese período.

Apertura de mercados. El TLC generó acceso de bienes chilenos a mercados que se encontraban hasta ese entonces restringidos por barreras arancelarias y paraarancelarias. Por otra parte, se abrió el mercado de las compras gubernamentales, y se incorporó el comercio electrónico, la propiedad intelectual y las telecomunicaciones, entre otros. El tratado fijó estrictas normas relativas a ambiente y protección laboral. Chile incluyó una reserva para la industria cultural, y resguardó así esta área de identidad nacional.

El TLC estableció un mecanismo de solución de controversias claro y transparente, aspecto de suma relevancia para las economías de menor desarrollo relativo, puesto que dicho instrumento permite encontrar soluciones alejadas de las presiones políticas y del poder económico que a menudo surgen en disputas entre economías de diferentes tamaño y poderío.

El TLC con EE. UU. ha permitido eliminar las tarifas escalonadas que afectaban particularmente a los bienes chilenos con mayor valor agregado. Esto último era de crucial importancia, puesto que antes del Tratado el grueso de las materias primas exportadas al mercado norteamericano ya gozaba de aranceles bajos.

El componente de inversiones del TLC permitió a Chile profundizar la baja en la tasa de riesgo-país, y agregar un incentivo para la inversión extranjera directa.

Pequeña empresa. Un beneficio adicional ha sido el impulso a las pequeñas y medianas empresas (pymes) chilenas. Las exportaciones de estas empresas en los totales enviados a EE. UU. representaron un 10,3% en el 2005, mientras que entre 1997 y el 2001 solo el 5,7% correspondía a pymes.

El TLC con EE. UU. exhibe áreas que aún no responden a las expectativas. Las inversiones y el acceso al mercado de compras públicas de EE. UU. (tanto federal como estatal) no han estado en el nivel que se esperaba, pero hay iniciativas en marcha para remediar dichas insuficiencias. En propiedad intelectual, han surgido diferencias de interpretación entre Chile y EE. UU. respecto al cumplimiento de algunos compromisos, aspectos que están siendo abordados bilateralmente.

En suma, el TLC Chile-EE. UU. ha consolidado y ampliado el acceso de los productos nacionales a EE. UU., especialmente de los bienes con mayor valor agregado, y cuenta, ahora, con reglas del juego claras. A medida que transcurra el tiempo, Chile aspira a que el Tratado permita atraer más inversiones, mejorar la productividad de sus empresas, adquirir tecnologías avanzadas, y generar más y mejores empleos. En último término, para Chile como –estamos seguros– para Costa Rica, cualquier tratado de libre comercio debe traducirse en mejor calidad de vida y oportunidades para sus ciudadanos.

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