 Escritor peruano Mario Vargas Llosa
(AFP)
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REIMS, Francia (AFP) -
Mario Vargas Llosa, uno de los cien intelectuales más influyentes del mundo, que el miércoles recibirá en Francia su 40º doctorado "honoris causa", conserva a los 71 años una ardiente fe juvenil en el oficio de escribir, combinando a diario la ficción con el periodismo.
La Universidad de Reims, como ya hicieran antes otras 39 del mundo entero, le otorga el miércoles su doctorado "honoris causa", organizando además durante cuatro días un coloquio internacional en torno a su obra.
En ese convenio participarán numerosos profesores y especialistas, presidido por la profesora Marie-Madelaine Gladieu.
Nacido en Arequipa, Perú, en 1936, dedicado en cuerpo y alma desde su juventud a la escritura, Vargas Llosa se convirtió, gracias a su poderosa vocación y disciplina, en el autor de una vasta obra que comprende novelas, teatro, ensayos críticos y artículos periodísticos.
En la actualidad es el más joven y activo de los miembros del antiguo "boom", ese grupo de grandes escritores latinoamericanos de las últimas décadas del siglo XX, integrado por Carlos Fuentes (80 años), Gabriel García Márquez (80), Ernesto Sábato (96) y los ya desaparecidos Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Alejo Carpentier y Augusto Roa Bastos, entre los principales.
"Inventar historias es una actividad primordial, una necesidad de la existencia, una manera de sobrellevar la vida (...) Una manera de recuperar, dentro de un sistema que la memoria estructura con ayuda de la fantasía, ese pasado que cuando era experiencia vivida tenía el semblante del caos", explica en el prólogo de sus obras de teatro.
"Muchas veces no sé por qué ciertas cosas vividas se me convierten en estímulos tan poderosos --casi en exigencias fatídicas, inexcusables-- para inventar a partir de ellas historias ficticias", dijo en su texto de agradecimiento a la universidad de La Rioja (norte de España) por el doctorado "honoris causa" que le otorgó en septiembre.
Su interés por la inagotable experiencia humana le ha llevado a consagrar meses y años, como lo hacía el escritor realista Emile Zolá, a documentarse para escribir obras con temas que sobrepasaban el ámbito peruano, entre ellas las ambiciosas sagas "La guerra del fin del mundo" y "La fiesta del chivo".
Su pasión por las letras, y en particular por la literatura francesa, se refleja en el libro que le dedicó a Gustave Flaubert, "La orgía perpetua", por considerar que los mejores críticos literarios son los escritores, porque saben de qué hablan.
Su práctica del periodismo le ha ayudado a lograr un estilo diáfano y eficaz en el momento de narrar, como en su última novela, "Travesuras de la niña mala", desembarazándose de la polifonía y los juegos verbales barrocos de la época de "La casa verde" o "Conversación en la catedral".
Este prototipo del próspero escritor profesional moderno que vive de su pluma --computadora-- puede estar un día en Tel Aviv y horas más tarde en Berlín; criticar una semana después en México al presidente venezolano Hugo Chávez o al boliviano Evo Morales, y al mes siguiente trotar por la ciudadela universitaria de Berkeley (EEUU).
En Perú es considerado un verdadero totem y aunque en 1990 fracasó en su ambición de ser presidente, los peruanos le rinden más pleitesía que a cualquier ex mandatario.
En 2006, los Servicios Postales emitieron una estampilla de correos con su imagen y la municipalidad de Barranco (Lima) bautizó con su nombre el malecón donde está situado su apartamento limeño.
En España tal vez sea el escritor "sudaca" que más alto ha llegado, al ser elegido miembro de la Real Academia Española tras ser naturalizado en 1994, en tiempos del conservador jefe del gobierno español José María Aznar. En ese fastuoso año ganó además el Premio Cervantes.
"Considero una injusticia que el Premio Nobel no haya sido atribuido" a Vargas Llosa, diría Aznar unos meses después, en marzo de 2005, al asistir en Washington a la entrega de otro de sus numerosos premios, el galardón Irwing Kristol, que se integró a los ya logrados del Príncipe de Asturias o el PEN/Nabokov.
Descrito por sus allegados como generoso, ordenado y meticuloso el autor de la mítica novela "La ciudad y los perros", es un verdadero polígrafo, comparable al mexicano Alfonso Reyes.
"Una vez, en San Francisco, discutí con Vargas Llosa y tratando de que no se ofendiera le dije: tu relación con la literatura es conyugal, por eso tenés que cumplir todos los días; pero la mía es como con una amante, es explosiva y sólo de vez en cuando. Por suerte Mario no se ofendió", contaba en broma el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti.
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