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Ignacio del Valle Autor español Edad: 36 años Nació: Oviedo (España) algunos libros: ‘El arte de matar dragones’ y ‘El abrazo del boxeador’. Artes & Letras Doriam Díaz Usted define su novela El tiempo de los emperadores extraños con la frase: “Cada persona debe medirse con sus propios vértigos”. ¿Por qué? Esta es una novela de extremos, extrema en todo: en sus personajes, en sus situaciones, en sus imágenes. Esta frase significa que cada persona debe enfrentarse sus propios demonios, sus miedos. El protagonista de la novela no hace más que enfrentarse a sus demonios. “El escritor es notario de la realidad, de mirar sin ningún juicio. Solo se trata de escribir lo que vemos y, en ese sentido, a mí me interesa mucho más la gente que el paisaje, es decir, la geografía física. Las personas usan 10 ó 12 máscaras al día, pero hay momentos en que las máscaras se les caen y se muestran tal como son por un corto tiempo. La labor de un escritor es mirar y sacar fotografías del verdadero rostro de la gente. Tal rostro se ve mejor en situaciones extremas como la guerra”. En su libro da una mirada a la historia de la División Azul –ejército de voluntarios españoles que luchó en Rusia contra el comunismo– durante la II Guerra Mundial. ¿Cómo desenmascara la historia de una época que no vivió? No es necesario vivir una época para poder contarla porque la historia no evoluciona, sino que es una revolución. Es decir, todo se repite. Lo que cambian son las preguntas que hay que hacerle a la historia y dependerán del momento en que estés. Por supuesto, conforme pasa el tiempo hay una mejor perspectiva de la historia. ¿Por qué lo obsesiona tanto el tema de la guerra? Me apasiona la época de 1939 a 1945, la Segunda Guerra Mundial. La mirada de Arturo Andrade –protagonista– me da las claves de la época. Yo hago una disección quirúrgica de todo lo que rodea a ese personaje, no solo los asesinatos, que son la línea roja que cruza la novela. A partir de esa línea roja salen ramificaciones que son la mirada de Arturo sobre la situación política, los enfrentamientos entre los militares con la Falange, el totalitarismo y lo que rodea la época. Dijo en otra entrevista que el concepto de “emperadores extraños” es una metáfora del vacío, de la no razón. ¿A qué se refiere con esta imagen? Los emperadores extraños no tienen ninguna motivación de nada, ninguna ideología. Lo inquietante es que no tienen causas para nada: matan por matar. “Esto lo explica muy bien la novela en la primera frase, que es una frase que Jack el Destripador le escribe a Scotland Yard en 1888: “Algún día los hombres mirarán atrás y dirán que conmigo nació el siglo XX”. Jack el Destripador mató sin un porqué, no seguía ninguna causa. Efectivamente, el siglo XX es un siglo de muertes: están en las guerras mundiales, en Vietnam, en Corea, en África. En este sentido, él fue visionario”. Por ello es que usted afirma que la novela, aunque trata de un episodio de la historia pasado, es también muy actual… Precisamente. No he querido circunscribirme solo a la Segunda Guerra Mundial. Me parece que esa guerra es el momento en que se forman todos los demonios que existen actualmente; es cuando ellos asoman los cuernos. Me explicó por qué le interesa este tema, pero ¿dónde nace su obsesión literaria por la guerra? Me atraen las situaciones extremas. Igual de radical es convivir con una pareja que la guerra. El amor es una guerra totalmente distinta. En las situaciones extremas, las máscaras se caen y es el momento idóneo para que el novelista haga sus fotos –es decir, escriba– sin juicios morales. “Para escribir juicios están los ensayos o las columnas de opinión, pero la novela debe ser como la vida: amoral”. Sin embargo, usted mismo ha dicho que las buenas historias deben cumplir con tres verbos: instruir, entretener y emocionar. El instruir finalmente es moral… No, yo hablo de instruir en el sentido de decir lo que pasó. Instrucción no en el sentido de que yo te voy a enseñar la verdad: uno no puede enseñar la verdad, solo puede hacer preguntas. “Entretener es importante porque tú debes disfrutar hasta la última página. La novela también debe tener emoción porque el libro no transcurre en páginas ni en la cabeza, sino en el pecho. La emoción es la única manera de transmitir conocimiento. La novela no puede ser una cosa pesada porque no tiene sentido”. ¿Por eso usted escogió escribir un thriller ? Sí, porque no implica que la novela pierde peso. Mucha gente confunde pesadez con inteligencia; creen que un texto tiene que aburrir para ser bueno. Sin embargo, la inteligencia radica en saber cómo hacer para que el lector se lo pase bien; eso es lo más difícil. Novelas brillantes y entretenidas hay muchas: Memorias de Adriano , El amor en los tiempos del cólera , El nombre de la rosa .
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