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Burgos se preocupó más por las pruebas en su contra que por la muerte de su esposa


Otto Vargas M. y Alexandra Hidalgo
ovargas@nacion.com

San José (Redacción). El fiscal Miguel Abarca dijo, esta tarde, que la reacción de Burgos al saber que seria indagado por el asesinato de su esposa “lo traiciono”, pues se intereso más en las pruebas en su contra que en lo ocurrido a su esposa, Maureen Hidalgo Mora.

A Burgos le comunicaron la existencia de sospechas en su contra antes de que el cadáver de la exasistente judicial apareciera.

“La reacción de Burgos cuando le dicen que lo van a indagar fue de preguntar cuáles eran las probanzas en su contra. No fue su reacción decir: ¿cómo se les ocurre que la mataron? o ¿cómo que esta muerta? Esa espontaneidad lo traicionó. Luego de eso se sentó a declarar” señaló el funcionario del Ministerio Público.

Durante la tarde el fiscal volvió a retomar el tema del supuesto secuestro (Burgos dio a entender que el crimen era obra a un grupo de ladrones de carros).

“La única persona que sabía del secuestro era don Luis Fernando Burgos. No pudimos investigar llamadas de secuestradores. Aquí no se ha hablado con claridad de llamadas extorsivas, de donde sospechaba (Burgos) que provenían las llamadas, cuánto se estaba cobrando…

“No hubo ni un solo indicido que permitiera direccionar la investigación hacia un secuestro. Con su foto (la de Maureen Hidalgo) en la portada de todos los periódicos, nadie se acercó a la policía para decir que la habían visto en algun lugar. Eso no sucedió porque el cadáver estaba en su casa (en la vivienda de la pareja)”, manifestó.

Abarca arribó a la conclusión de que la ausencia de resistencia al crimen, por parte de Hidalgo, es compatible con el suministro de Diazepam (por parte de Burgos) a la víctima.

El fiscal sostiene que el cadáver de Maureen Hidalgo se mantuvo en la vivienda hasta la madrugada del jueves 13 de julio del 2006 y que una persona –la investigación no alcanzó para determinar quién- se encargó de llevarlo a Las Vueltas de Macho Chingo, en Atenas.

“Eso (arrojar el cadaver) es lógico que no iba a ser a luz del día. Es lógico que alguien le ayudó (a Burgos). Evidentemente el cuerpo tuvo que ser trasladado en un vehículo”, dijo Abarca.

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