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¿Agresión o libertad de expresión? Administrativos, académicos y estudiantes de la UNA intolerantesCristina Bartels González Estudiante de Educación Preescolar, UNA La mañana del 6 de setiembre, asistí a una manifestación pacífica organizada por estudiantes de diversas carreras de la UNA, denominada “UNA SÍ” pues me sentí totalmente identificada con el mensaje que se reflejaba en la invitación: “Un pensamiento diferente, una oportunidad para TODOS”. Cómo no identificarme si vivimos en un país donde todos tenemos la oportunidad de expresarnos y, más aún, en una casa de enseñanza donde bien lo asegura el Estatuto Orgánico en el artículo 1, inciso d: “el respeto a las distintas posiciones teóricas, metodológicas, ideológicas, religiosas y filosóficas de los miembros de la comunidad universitaria”. Al hacerme presente en la explanada de Ciencias Sociales, observé a administrativos, académicos y estudiantes retirando el material a favor del Tratado de Libre Comercio (postales, pancartas, boletines informativos, etc.). Me sorprendió mucho ver la intolerancia de estas personas, pues no soportaron la presencia de material que iba en contra de su ideología. Los ánimos se caldearon y la violencia verbal emergió por parte de los miembros del NO. Un alto funcionario administrativo dio una orden verbal a los guardas para no dejar entrar a ninguna persona con camiseta alusiva al SÍ TLC o con material de la misma tendencia, por lo que nos trasladamos de la explanada de Ciencias Sociales a la explanada del 11 de Abril. Defensa de posiciones. No me caracterizo por gritar en este tipo de eventos, pero sí por defender lo que pienso. Y en esa explanada afirmé a más de un estudiante y académico que estaba a favor del TLC, de modo que ejercí responsablemente mi derecho a la libre expresión, consagrado en la Constitución. No obstante, al ver que los opositores al TLC se encontraban alterados por la manifestación de mis compañeros, decidí retirarme hacia mi casa. Cuando me dirigía hacia el parqueo de la Biblioteca Central, un estudiante que portaba una camiseta con distintivos del NO al TLC me preguntó a mis espaldas que si efectivamente yo estaba a favor del TLC. Cuando volteé para responderle afirmativa y orgullosamente, el joven me golpeó con puño cerrado y certero en mi rostro. El golpe fue tal que, además de lesionar mi rostro (confirmado médicamente por el Centro de Salud de la UNA) perjudicó mi sentimiento de seguridad. No obstante, y a sabiendas de que mi puesto dentro de la Federación de Estudiantes de la UNA me hace vulnerable e identificable, decido hacer público este hecho. Lo que más me duele no es el golpe, sino que en esta casa de enseñanza no sea posible transmitir opiniones diferentes y que el respeto a la diversidad no sea más que una utopía. Pero, como estudiante de Educación de Preescolar, comprendí que mi obligación es trasmitir valores a niños en formación, por lo cual debo inculcar la fortaleza y la tolerancia. Golpe a la razón. Me lamento y entristezco, al darme cuenta de que las universidades públicas dejaron de ser centros de estudio donde se inculcan el respeto a la diferencia, el debate equilibrado y sano; y se convirtieron en sectas de adoctrinamiento donde, si usted no piensa igual que ciertos grupos, acallan su diferencia a golpes. Siendo así, me preocupa pensar qué pasará de ahora en adelante. Temo pensar que las manifestaciones de violencia por parte de personas con ideologías radicales aumenten al punto de la irracionalidad. Y eso es lo más decepcionante de todo, máxime cuando se trata de un país con tradición democrática y pacífica como Costa Rica. Mi libertad de expresión esta lesionada y amedrentada, pero mi decisión continúa firme: SÍ a las oportunidades, SÍ al TLC.
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