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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Me detengo en seis artículos de la sección de opinión de ayer de este periódico por tener un hilo conductor: vencer la barrera de los prejuicios y aceptar el desafío nacional y mundial. Una perogrullada que un sector del país, inmovilizado mental e ideológicamente, sigue rechazando por interés o por miedo. Este es el peor de los miedos, padre de muchos otros. Graciana Castillo, profesora de la universidad de Columbia, denuncia el retraso político y mental de América Latina, por no trazar la estrategia correcta o por hacer las cosas a medias. Elogia a CINDE, de Costa Rica, blanco, por cierto, de ciertos grupúsculos ideológicos ticos. Juan Carlos Hidalgo, costarricense, coordinador de proyectos para América Latina, condensa los logros de México con el TLC comentados por The Economist , una autoridad informativa y analítica mundial. Y Roberto Sasso, experto en la materia, nos coloca frente a nuestra inseguridad nacional digital, estímulo para delincuentes digitales de todo el mundo. Fernando Araya, filósofo e investigador, desgrana algunos capítulos del Documento de Aparecida (V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Brasil), que no pocos han desnaturalizado. Ahí está nítida, objetiva e integral –sin embustes exegéticos– la posición de la Iglesia Católica sobre el desarrollo, la moral, el comercio, la globalización y la solidaridad. El título del artículo enfatiza la visión y el coraje, y, al final, nos repite la lección de la historia: “los muros mentales siempre caen”. Ya es hora de que los nuestros queden abatidos con la partitura de nuestros abuelos, hace 186 años. El comentario de Laurencia Sáenz Benavides, filósofa y profesora universitaria, es una lección lúcida y profunda sobre la universidad y la autocrítica. Es el mejor regalo que las universidades públicas –y, por supuesto, todos nosotros– han recibido en estos años sobre este tema capital. Ojalá lo acojan de buena fe y espíritu de revisión. El artículo de la Dra. Lastenia Ma. Bonilla es, por su parte, un llamado retador a nuestras conciencias. El dato introductorio es elocuente: “la entrada de las computadoras en el país” y la creación del Tecnológico encendieron los ánimos en la universidad. Este, suponemos, por el temor a la competencia y aquellas… por “el desempleo”. También la UCR se opuso a la creación de la UNA, si mal no recuerdo, y, por supuesto, a EARTH y a la conversión del ITAN en universidad privada… ¡Triste atestado! Miedo y muros mentales anidados, como ahora, en un sector minoritario pero bullicioso. Una Costa Rica mejor –dice la autora– está primero en nuestras manos, no en un tratado comercial.
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