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Política Hazel Feigenblatt hfeigenblatt@nacion.com El entusiasmo y preparación de niños y adolescentes que participaron ayer en el desfile de la Independencia en San José lograron hacerse ver, pero cómo costó. Al principio, quienes llegaron a ver las bandas y las marchas esperaron en la acera, pero como no hubo acordonamiento fue cuestión de tiempo para que se lanzaran a la calle. Chiquitos que llevaban tambores casi más grandes que ellos apenas lograban abrirse paso entre la gente, y no faltó quien cruzara de un lado a otro de la avenida segunda, en medio de los abanderados y bastoneras.
Docentes y padres de familia de algunos centros educativos optaron por comprar largos mecates, los cuales iban sosteniendo a ambos lados del desfile conforme avanzaban sus estudiantes. “Esto fue muy poco organizado. Tuvimos que conseguir mecates a última hora porque nadie nos dijo”, comentó Marta Rodríguez, quien acompañaba a su hija de la escuela Buenaventura Corrales. En algunos casos tantas personas iban caminando al lado de los mecates que ello creó una barrera humana y terminó de arruinarle la vista a muchas familias. “No hemos visto nada”, respondió malhumorado Jairo Solano, vecino de Alajuelita, cuando se le consultó qué le parecía el desfile, frente al Parque Central.
Uso especial. El profesor Francisco Villalobos, de la escuela Ricardo Jiménez, lamentó la falta de apoyo de parte de la Municipalidad de San José. “Si fuera un carnaval seguro todo estaría acordonado”, dijo. En eso tenía razón. Albán Caballero, asesor del Ministerio de Educación Pública, explicó que la Municipalidad de San José le informó esta semana que el acordonamiento se reserva exclusivamente para el Festival de la Luz, en diciembre. “El próximo año trataré de negociar, porque hasta la Policía tuvo problema para acomodar a tanta gente”, comentó.
La Nación no encontró a nadie de la Municipalidad a quien consultarle al respecto. Varios policías y personal de las escuelas dijeron no haber visto a ningún funcionario municipal en todo el día. “Esperamos 50 minutos por la iglesia (de la Merced) y, como nadie nos dijo nada, vinimos y nos acomodamos solos”, contó José Vargas, profesor del Colegio Ricardo Jiménez nocturno, minutos antes de iniciar el desfile. Pese a las dificultades, muchos pasaron un buen rato. Las bandas y algunos grupos de baile típico, aunque con ciertos movimientos carnavaleros, se llevaron varios aplausos.
Algunos pasaron la mañana en familia, como Juan Bautista Chinchilla, de Sagrada Familia, quien llevó a sus cuatro nietos. Para otros fue una sorpresa, como el turista californiano Gerald Darst, a quien le pareció “maravilloso” ver tantos niños celebrando el día de la Independencia.
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