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Visión y coraje El moralismo incendia el mundo, la ética y el conocimiento lo salvanFernando Araya consulfe@hotmail.com Circula en América Latina el “Documento Conclusivo” de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, reunida en Aparecida, Brasil, en mayo del 2007, mejor conocido como “Documento de Aparecida” (DA). I. Actuar y conocer. Sus méritos son muchos, pero este comentario se concentra en uno: exigir que la ética sea el principio rector de la globalización (DA, artículo 60). Esto implica correlacionar ética y economía, lo que, a su vez, conduce a la necesidad de sintetizar las variables de los mercados y las variables de la equidad, a fin de globalizar, simultáneamente, mercados y solidaridad. Se trata de un programa de acción para la transformación racional, equilibrada e integral de las sociedades latinoamericanas y, al mismo tiempo, de una propuesta de investigación a fin de enriquecer el conocimiento en torno a las relaciones entre mercados, ética, globalización, equidad y solidaridad. II. Profundidad y prudencia. A propósito de esas interacciones existe, como es sabido, un grado significativo de ignorancia, lo que daña tanto a la economía como a la ética y dificulta descubrir los vínculos positivos entre mercados y equidad. En este sentido los enfoques maniqueos que declaran mutuamente excluyentes e irreconciliables el bien común y el bien individual son ciegos respecto al conocimiento de esas interconexiones, se mantienen prisioneros en perspectivas que privilegian el conflicto, la violencia y las incompatibilidades. Los obispos identifican este problema, vislumbran la solución y preparan el camino para abordarlo de manera racional. III. Imaginación de la caridad. El artículo 69 del DA sugiere, por ejemplo, la vía para arribar a una visión de síntesis, que permita conocer y, sobre todo, operacionalizar las correlaciones entre ética y economía. Ahí se sostiene que el desarrollo humano no puede reducirse a un simple “...proceso de acumulación de bienes y servicios...”; esto, si bien es una condición necesaria del progreso, “...no es una condición suficiente...” y, se afirma, además, que la economía tiene por objeto “...la formación de la riqueza y su incremento progresivo, en términos no sólo cuantitativos, sino cualitativos...”. No se trata de condenar el énfasis en los importantes e imprescindibles aspectos cuantitativos de la evolución social – error en el que cae el seudohumanismo academicista–, ni tampoco de marginar sus componentes culturales, distributivos, educativos y psicosociales, sino de unir estos distintos factores en un conjunto armónico de políticas, que materialicen lo que los obispos denominan “...imaginación de la caridad...” para la consecución de “...soluciones eficaces...” (DA, artículo 537).
III. Economía, persona y ética. ¿En qué puede basarse la tesis de que existen correlaciones positivas entre ética y economía? El principal actor económico es la persona, es decir, no un ser amoral o indiferente a los valores éticos, sino alguien que, a través de sus comportamientos económicos, expresa valores, razón por la cual la economía y la ética confluyen, aun cuando se desconozcan muchas de las formas específicas de esa convergencia. La hipótesis que sostiene el carácter científico de la economía, independiente de cualquier juicio moral, no resiste la constatación de este hecho antropológico. Si los obispos afirman que la ética es el principio rector de la globalización y, por lo tanto, se encuentra en el núcleo del proceso económico, es porque en los dos ámbitos subyace una misma fuente: la persona, eje e hilo conductor de las instituciones sociales. Conviene abandonar, por lo tanto, la lógica utilitarista que declara a la disciplina económica como un conocimiento a-moral; además, es imprescindible distanciarse de aquellas posturas políticas e ideológicas, según las cuales lo económico se contrapone a lo ético, el mercado, a la equidad, el crecimiento, a la solidaridad. Es necesario construir visiones unitarias que descubran y concreten correlaciones positivas entre estos factores. ¿De qué manera puede avanzarse en la dirección indicada? IV. El punto medio. De acuerdo con el contenido expuesto en el DA, eso es posible a través de alternativas de desarrollo socioeconómico situadas en el centro o punto medio de la interacción sociopolítica; por eso se ve con preocupación “...el acelerado avance de diversas formas de regresión autoritaria... que en ciertas ocasiones derivan en regímenes de corte neopopulista...” (DA, artículo 74) y es clara la crítica a las tesis ultraliberales de un capitalismo puro de mercados perfectamente competitivos; o socialestatistas, según las cuales los mercados deben ser controlados por estados monopolistas, centralizados, tecnoburocráticos y despóticos. “...Hay que sumar y no dividir –se lee en el DA–. Importa cicatrizar heridas, evitar maniqueísmos, peligrosas exasperaciones y polarizaciones...” (artículo 534). La Iglesia Católica se sitúa, entonces, en ese espacio intermedio de la interacción sociopolítica, diferenciado respecto a los extremos. Desde ahí favorece opciones de síntesis y complementariedad entre mercados y Estados, y propicia una presencia “...más protagónica de la Sociedad Civil...” (DA, artículo 75). V. Abandonar el moralismo. Ahondar en las interacciones entre ética y economía requiere que las fuerzas situadas en el punto medio, denuncien el uso demagógico-emocional del lenguaje moral, que se complace en palabras como justicia, equidad, solidaridad, dignidad, igualdad, productividad, eficiencia, eficacia, rentabilidad o ganancia, subrayando el componente sentimental que las acompaña, pero dejando en las sombras los modos como tales ideales se convierten en pautas de comportamiento. Estos moralismos, “...blandos y crispados...”, (DA, artículo 12) –típicos en algunos políticos, ideólogos y academicistas– a nada comprometen y en nada favorecen el conocimiento. Hitler, Mussolini, Stalin, Pinochet, Castro, Duvalier, Milosevic, Pol Pot, Kim Il Sung, Ferdinand Marcos y, en general, todos los tiranos, se mostrarían entusiasmados con una ética que solo les exija utilizar palabras, de alto impacto emocional, desatendiendo sus significados e implicaciones prácticas. El moralismo incendia al mundo, la ética y el conocimiento lo salvan. Por esto es tan importante elevar los conocimientos técnicos de quienes toman decisiones y de los representantes de movimientos políticos y sociales. VI. Globalización. Los obispos ilustran la tesis que postula las interacciones entre ética y economía al analizar, por ejemplo, la globalización. En el artículo 61 del DA se indica que es necesario “...detectar tanto sus aspectos positivos como negativos...” y el artículo 60 afirma que la globalización es “...un logro de la familia humana porque favorece el acceso a nuevas tecnologías, mercados y finanzas...”. “Las altas tasas de crecimiento de nuestra economia regional y, particularmente, su desarrollo urbano, no serían posibles sin la apertura al comercio internacional, sin acceso a las tecnologías de última generación, sin la participación de nuestros científicos y técnicos en el desarrollo internacional del conocimiento y sin la alta inversión registrada en los medios electrónicos de comunicación...”. No obstante, el DA reitera que la globalización “...comporta el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo...”. Una “...globalización diferente...” (artículo 64), distinta de la “...globalización sin solidaridad...” (artículo 65), es posible, si la ética es su principio rector, se fortalece la apertura económica y se globaliza, en correlación con los mercados, la solidaridad. VII. Disyuntiva. Las sociedades latinoamericanas pueden alcanzar el desarrollo integral y el bienestar que anhelan, pero antes deben superar el uso emocionalista del lenguaje moral, especificando los contenidos de la ética del desarrollo y sus corre- laciones con la economía, al tiempo que avanzan en la síntesis práctica de los mercados y la equidad, abandonando los infantilismos ultraliberales y socialestatistas; de lo contrario, no habrá discurso ni práctica capaz de romper las cadenas del atraso económico y social. Pero seamos optimistas, los muros mentales siempre caen. La principal liberación del ser humano es la que transforma su conciencia; las otras vienen por añadidura.
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