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No tenga miedo


Edgar Monge Nicolaas
Conservacionista

Cuando inicialmente se habló de convocar a un referéndum para definir la suerte del TLC, no me pareció buena idea. Pensé que, por lo mucho que está en juego, era muy riesgoso que el electorado acudiera a las urnas con la escasa información disponible y con la campaña de engaños y mentiras que había ya emprendido una cúpula sindical.

Estas personas –incluyendo a uno que desde una rectoría universitaria pretende competir por la candidatura presidencial del PAC– han engendrado una maraña de engaños que asustan a cualquiera: que nos quedaremos sin agua, que se venderá la isla del Coco, que la CCSS desaparecerá, que las armas de guerra inundarán las calles, que exportaremos carne de ballena y órganos humanos, etc. Algunas dan cólera; otras, simplemente risa. Lo importante es que la amplia mayoría no está creyendo estos cuentos.

Tengo muy claro que en el grupo de personas que adversan el TLC también las hay bien intencionadas. Es más, son la mayoría y algunos son amigos míos. Lamentablemente, la gran mayoría de sus argumentos nada tienen que ver con este Acuerdo o con el comercio en general, son emocionales o ideológicos.

Sin alternativa. A la mayoría de los ticos nos desagrada el unilateralismo que ha imperado en la política exterior de Bush, pero eso me importa poco si lo que está en juego es el empleo de cientos de miles de compatriotas. ¿Acaso los del NO pueden garantizarnos que Chávez, Castro, Ortega, Evo y Correa compren todo lo que dejaríamos de vender a los estadounidenses? Creo que la mayoría tenemos amigos, familiares o vecinos que dependen del comercio con EE. UU., de alguna inversión o del turismo estadounidense. Pensemos en ellos. Pensemos en los desempleados. Es muy fácil decir “NO” cuando no se dice qué hacer en su lugar.

Seamos pragmáticos, propongamos ideas concretas que mejoren la calidad de vida de los costarricenses, creando empleo y reduciendo la pobreza. Que todos nos beneficiemos de esta coyuntura. En este contexto es muy valiosa la declaratoria de los 73 alcaldes, que propone: “Aprobemos el TLC y al mismo tiempo aumentemos la inversión social, los salarios reales, la infraestructura y las obras municipales”.

En medio de este debate, tomé la decisión de usar una de esas “pulseritas” blancas que indican que uno apoya el TLC. Lo haré, aunque me arriesgue a un golpe de algún líder sindical. Es bastante fea la pulserilla, y nunca me ha gustado usar esos adornos, pero, ante la importancia del debate, no podemos darnos el lujo de callar. Ha sido impresionante la reacción de muchísimas personas que, con la confianza de ver la pulsera blanca, me dicen que también apoyan el TLC, pero ¡que no se lo diga a nadie!

Responsabilidad. Al ser más escandalosos los del NO y al repetir tanto sus mentiras, muchos tienen pena o vergüenza de reconocer que apoyan este Tratado. Nos pretenden hacer sentir como los malos, los traidores “vendepatrias”. Ante esos virulentos calificativos, muchos adeptos del SÍ esperarán al 7 de octubre para externar su opinión favorable. En este momento histórico no podemos ser indiferentes ni evadir nuestra responsabilidad: opinemos y expresemos nuestros argumentos respetuosamente.

El riesgo de callar ahora, de que la mayoría no se manifieste ni externe su opinión, es que algunos pretendan posteriormente poner en duda el resultado del referéndum. Ya unos pocos, vaticinando su derrota, lo han empezado a hacer hablando irresponsablemente de fraudes y poniendo en duda la imparcialidad del TSE, institución que la amplísima mayoría de costarricenses respetamos y apoyamos. Por eso digo de nuevo: es nuestra obligación ser transparentes y sinceros, decir en voz alta: SÍ.

No tengamos miedo, por el futuro de Costa Rica.

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