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Ulibarri y la “política del miedo” El PAC ha cumplido con su programa, yendo más allá incluso de lo que obliga la leyAlberto Salom Diputado Don Eduardo Ulibarri da por terminado el intercambio de ideas con este servidor lanzándome una montaña de prejuicios, nada de sustancia. Pasa así del crítico sereno y constructivo que siempre fue, y que en el PAC hemos valorado tanto, a meterse de lleno en la campaña “del miedo” que recomendaron el vicepresidente Kevin Casas y el legislador Fernando Sánchez en el famoso Memorando. Por cierto, en el contenido involucran con imprudencia o impudicia al propio Ulibarri. “Es crucial –dicen estos señores– convertir al SÍ en equivalente con la democracia y la institucionalidad (es lo que decía Eduardo Ulibarri: hay que ir llenando al SÍ de un contenido de valores), y al NO en equivalente de la violencia y la deslealtad con la democracia”. Exaltando prejuicios similares a estos al responderme, Ulibarri cree irrespetarme, en realidad irrespeta a los lectores de La Nación , y desde luego se desmerece a sí mismo. ¡Allá él! En lo que respecta al PAC, por más prejuicios que nos tiren encima, no nos apartarán del centro político donde este partido nació. Téngase en cuenta que son otros los que, con “maquiavelismo” politiquero, nos quieren separar de una política equilibrada, valiéndose para ello de ingentes recursos económicos en propaganda manipuladora, que no para mientes en emplear la amenaza contra los alcaldes y regidores, el ardid para intentar burlar al Tribunal Supremo de Elecciones buscando usar a las instituciones democráticas en la propaganda del SÍ, en fin, la campaña del “miedo”.
Vano intento. Afirmé que el PAC ha venido construyéndose como un partido de nuevo tipo, al cumplir con su programa, yendo más allá incluso de lo que nos obliga la ley. Puse de ejemplo la equidad de género, ya que el PAC, sin estar obligado por la ley, ha impuesto la alternabilidad entre hombres y mujeres, tanto en los puestos de representación popular como en lo concerniente a las elecciones internas. Ulibarri me refuta al decir que sobre esto ya existía una ley aprobada desde antes de que naciera el PAC. Si así hubiera sido, el asunto sería más grave pues querría decir que el único partido que cumple con la ley es el PAC. Empero, lamentablemente no es así (¡qué pena con su interesada desinformación!), la Ley de Igualdad Real no se refiere a la “rigurosa alternabilidad” de género, solo lo hace la ley electoral que le otorgó, mucho más recientemente, apenas el 40% de representación a las mujeres; por eso, le reafirmo ahora que el PAC ha ido más lejos aún. Una vez más, Ulibarri trata de acomodarse el análisis en un vano intento por restar todo mérito al PAC. En el tema de la Sala IV y el TLC, don Eduardo, a regañadientes, ha tenido que darme la razón cuando dice: “Aquí le concedo razón, técnicamente”. Respecto a la alegada “solidez” de la “resolución” de la Sala, solo el tiempo hablará. Lo interesante es que ya no menciona para nada “su punto de partida”, antojadizo como era, a saber, que la resolución de la Sala habría derrumbado el corazón del rechazo del PAC al TLC. El TLC, tal como fue negociado, para la Costa Rica solidaria se había derrumbado mucho antes del pronunciamiento de la Sala. En lo de la Cancillería y Stagno, don Eduardo se quiere hacer el despistado. Primero, me exhibe poniéndome a decir que el “casi desmantelamiento de la Asociación para el Servicio Exterior” se debió a “mis denuncias”, él añade que fue el producto de revelaciones de La Nación . Enseguida, le aclaré que nunca dije eso, sino que yo había “contribuido decisivamente” a casi desmantelarla y que jamás podría negar el importante papel desempeñado por ese diario en ello; entonces, me replica que “haber contribuido a desmantelar” y “haber desmantelado” es lo mismo. El asunto carecería de importancia en el debate público, de no ser porque con ello se demuestra, una vez más, el vano intento de Ulibarri por ponerme a decir lo que no he dicho, para luego restar todo mérito. De cosas graves. Otro asunto: ¿al Canciller Stagno fue sólo que “le ofrecieron” plata antes de la ruptura de relaciones con Taiwán, o “se trajo” la plata de China? Ambas cosas serían graves en mi criterio si de por medio se produjo un condicionamiento. En mi artículo ( La Nación , 10/8/07) afirmé que lo “primero” fue lo que Stagno parcialmente aceptó en su carta. Pero Ulibarri, ¿desconsiderado?, ¿prejuicioso?, ¿desmemoriado? simplemente, él sí mal lector, trae a colación a Stagno para refutar lo “segundo”. Y todavía tiene el tupé de exigir rigor. Ulibarri también acepta que en lo de la plata de Taiwán a la Cancillería, mis informantes son los mismos que en su momento le dieron copiosa información a La Nación , solo que a mi denuncia la llama “operación embarre”, mientras pondera altamente a los periodistas de La Nación . Esto es sencillamente pueril pues yo también me serví en mi denuncia de la investigación del diario, cosa a la que como diputado tengo derecho en defensa del interés público. En suma, una parte de la denuncia era idéntica, pero en un caso merece ser desprestigiada mientras en el otro, supongo, es catalogada como periodismo investigativo. Finalmente, don Eduardo fabrica la siguiente jugarreta: dice que rechaza las poses moralistas, pero se hace eco de una acusación en contra de mi persona que, ahora cae en la cuenta, podría ameritar denuncia judicial; sin embargo, no la hace porque no quiere trasladar el debate político a estrados judiciales y, últimamente me, invita a que sea yo quien traslade voluntariamente el caso al Tribunal de Ética del PAC; así –dice– probaríamos que estamos saliendo de la adolescencia política. Para su información, ya me presenté ante el Tribunal de Ética de mi partido, cosa que hice gustosamente porque es mi obligación rendir cuentas como diputado. ¿Me concederá al menos este punto el “considerado” y riguroso crítico?
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