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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.co.cr. La experimentada y galardonada –nada menos que seis preseas– directora del semanarioUniversidad , Laura Martínez, me puso a decir en La Nación , el miércoles pasado , lo que no dije y desnaturalizó lo que dije. Me atrevo a aclarar, con todo respeto, sus sinrazones. La periodista directora escribió: “Con gran asombro he leído el comentario de don Julio Rodríguez del pasado 8 de setiembre en el que reduce (sic) el escándalo del contenido de un memorando sobre la estrategia gubernamental del SÍ escrito por dos funcionarios públicos –electos popularmente– los señores Kevin Casas y Fernando Sánchez al problema de la existencia dehackers que interceptan conversaciones ‘privadas’”. El asombrado soy yo. En primer lugar, en ningún momento “he reducido” el contenido del memorando “al problema de la existencia dehackers ” interceptores. Dije que “la cuestión de fondo” era esta y que “estamos expuestos” a la violación de la privacidad y a toda suerte de ataques informáticos. Esta es una preocupación mundial. Afirmar que algo es “una cuestión de fondo” no significa, en modo alguno, “reducir” un comentario a un solo aspecto, con abandono de otros sobre el contenido del memorando. A estos otros aspectos importantes me referí en mi columna del lunes pasado. Luego, la señora directora extrae esta conclusión asombrosa: “No puedo dejar pasar este comentario en el que se antepone el interés público y el derecho a la información de la ciudadanía costarricense al de las leyes privadas”. ¡Horror de horrores para el periodismo investigativo! Lo que la laureada directora del semanario pretende enrostrarme se convierte en elogio para mí y, para ella, en desliz imperdonable, pues lo censurable es lo contrario: anteponer las leyes privadas al interés público y al derecho de información. Así, vulnera la mejor doctrina periodística y, además, me da lecciones sobre lo que cualquier periodista sabe de sobra: la distinción entre la sustracción de un documento, público o privado, y su divulgación. La jurisprudencia en la materia en EE. UU. y la Corte Europea de Derechos Humanos es sabrosa y abundante. Se puede denunciar y castigar al sustractor, pero se debe proteger a todo lo ancho la información, habida cuenta del interés público. Así ha procedido La Nación y así actuó, en esta oportunidad, el semanario a su dignísimo cargo. No es, pues, cuestión de gansos y de gansas, sino de leer de buena fe y de entender lo que se lee. Libre, entonces, de culpa, respetuoso de la opinión ajena y deferente ante la dama, mi corazón y mi razón siguen diciendo SÍ…
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