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Grandes enseñanzas Mauricio Martínez S. mmartinez@nacion.com Don Kevin Casas y don Fernando Sánchez viven (¿o sufren?) la mejor experiencia política de sus vidas. En política, la teoría y la praxis no necesariamente caminan juntas. Los libros y las universidades, locales y extranjeras, pueden pontificar, pero las realidades y el sentir popular pueden desvirtuar los tratados. Otra verdad es que en la política –o, más concretamente, entre los políticos– las lealtades tampoco son incondicionales. En el fondo, cada quien se mueve como mejor le caliente el Sol. El manido caso del memorando escrito por Casas y Sánchez resulta muy revelador. Cuando creíamos que experimentábamos el surgimiento de una nueva clase dirigente, aparecen enarboladas, cual código o estrategia militar, prácticas deleznables que pensábamos superadas: sembrar el miedo y proponer el chantaje y el clientelismo con fines ulteriores. Igual de grave es la invitación a generar prácticas que permitan evadir controles legales e instituciones (“cubrirnos las espaldas de cara al TSE”). En el fondo, dice un buen amigo, es como decirle a un chofer que pase el semáforo en rojo cuando el tráfico cercano esté distraído. La reacción adversa, pública y masiva, que despertó el memorando es un bumerán que debe preocupar a los coordinadores en favor del SÍ. Aquí, la teoría (el escrito) y la praxis (opinión contraria) están agarrados del moño, como uno de los patéticos cortos publicitarios de los corazones del SÍ. En el campo de las lealtades, como era previsible, el Gobierno zafó la tabla y prácticamente dejó en el aire a los señores Casas y Sánchez. La carta del lunes del Ministro de la Presidencia al TSE es clara: los hermanos Arias rechazan las sugerencias por considerarlas ajenas a la forma como conciben su participación en el proceso de consulta popular y a “los principios básicos de la democracia costarricense”. Semejante desacreditación pública, forzada por las circunstancias, es muy reveladora. Eso fue como soltar sin paracaídas a los noveles políticos. El miércoles, sin embargo, don Rodrigo trató de calmar las aguas internas. Tras el Consejo de Gobierno se dejó decir que Casas y Sánchez “tienen un amplio futuro político. Son personas que han demostrado su capacidad”. No hay duda: por sus propios yerros, la clase política sigue viviendo horas aciagas.
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