 Comando especial en la zona del atentado suicida
(AFP)
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ISLAMABAD (AFP) -
Las autoridades paquistaníes declararon el viernes sus sospechas de que Al Qaida perpetró el atentado suicida que mató a 20 militares de un comando de élite que precisamente buscaba a extremistas de la red terrorista de Osama bin Laden.
El ataque del jueves a un cuartel militar de alta seguridad a 70 kilómetros al noroeste de Islamabad se produjo tras dos días de mortales enfrentamientos en las zonas tribales del país, en la frontera con Afganistán, y coincidiendo con una visita del vicesecretario estadounidense de Estado, John Negroponte.
El atentado fue dirigido contra las fuerzas especiales de las que aún forma parte el presidente, el general Pervez Musharraf, y es el último de una serie de vistosos y sangrientos ataques contra el ejército y los servicios secretos paquistaníes.
"Sólo Al Qaida es capaz de llevar a cabo un ataque de ese tipo, con esa precisión y tan planeado", señaló un responsable de los servicios secretos en el cuartel cercano a la ciudad de Tarbela, donde tuvo lugar el atentado.
"Era una zona de alta seguridad, bien protegida, pero el kamikaze logró entrar y hacer estallar su carga", agregó.
Asimismo explicó que se intenta probar la relación del atentado con un vídeo de Bin Laden difundido la pasada semana en el que el líder de Al Qaida pedía una "caravana" de mártires musulmanes, así como con un mensaje de su número dos, Ayman al Zawahiri, en el que abogaba por el derrocamiento de Musharraf.
Las fuerzas de seguridad detuvieron el viernes a un hombre que solía trabajar en el cuartel, donde el kamikaze mató a 20 comandos e hirió a otros 30, según dos responsables militares.
Esas cifras aumentaron los 15 muertos declarados oficialmente la víspera. Los responsables también reiteraron que el kamikaze entró a pie en el recinto.
Un oficial militar afirmó que el blanco fue una unidad de élite creada por Musharraf en 2002 para hallar a militantes de Al Qaida en busca de refugio en las zonas tribales del país tras la caída del régimen de los talibanes en el vecino Afganistán, a finales de 2001.
El propio Musharraf, jefe de las fuerzas armadas paquistaníes dijo que "actos tan cobardes como matar a gente inocente no quedarán sin castigo", según la agencia oficial de Pakistán.
La población y el ejército paquistaní es blanco de una oleada de atentados y ataques desde el asalto a la Mezquita Roja de Islamabad, en julio, en el que murieron un centenar de islamistas.
Al menos 270 personas han perdido la vida en los últimos dos meses en unos actos de violencia que aumentan la presión sobre el régimen de Musharraf, uno de los aliados claves de Estados Unidos en la "guerra contra el terrorismo", ya muy afectado por una grave crisis política ante las próximas elecciones presidenciales.
Por su parte, las tropas paquistaníes informaron esta semana de la muerte de más de 70 islamistas en dos días de intensos combates en las zonas tribales fronterizas con Afganistán.
En su reunión de dos horas con Negroponte, Musharraf subrayó el jueves que "el compromiso de Pakistán contra el extremismo nunca estará en duda porque va también en el interés nacional paquistaní", según una nota de la cancillería de Islamabad.
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