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Apertura mental Un procedimiento único en el mundo, sumamente complejo y difícil de burlarAbril Gordienko López abrilgl@racsa.co.cr Las regulaciones actuales relativas a los incidentes y accidentes de tránsito parten de las siguientes premisas: kLos conductores son unos mentirosos: si usted se ve envuelto en una colisión no puede mover su vehículo del sitio, porque su palabra no vale. Debe esperar a un oficial de Tránsito para que venga a interpretar lo que ocurrió, no importa si llega una o más horas después, si tiene o no habilidades para dibujar un croquis ni si es imparcial al anotar las versiones de los conductores. Él es el único que puede hacer una interpretación auténtica de los hechos. kLos conductores no son confiables: quienes han colisionado deben esperar también al inspector de la única compañía de seguros para vehículos autorizada para operar en el país, porque estos funcionarios deben ver con sus propios ojos la posición de los carros y todo lo que los rodea; las fotografías que ellos toman son las únicas legítimas para el cobro de la póliza. kLos conductores son cuasidelincuentes: la misma Ley de Tránsito llama “imputados” a los choferes que colisionan y establece los pasos que deben dar estos para defenderse de los cargos que se les imputan. kLos vehículos colisionados tienen prioridad sobre los demás vehículos, sobre las personas, el comercio y los servicios: si hay un choque en cualquier carretera del país, el tiempo debe detenerse. Las presas “misisípicas” de vehículos a la espera de que los carros colisionados sean autorizados a moverse del sitio no son relevantes. Los recursos que pierde el país en términos de combustible y contaminación en las presas causadas por incidentes vehiculares, los atrasos para las personas y las mercancías que se quedan atascadas en estas presas, no son prioritarios. Tampoco los llamados choques secundarios, derivados de los choques que están a la espera de la llegada del oficial de Tránsito y del inspector del INS.
kLos incidentes de tránsito son de tal relevancia para el Estado costarricense, que para resolverlos ha diseñado un procedimiento único en el mundo, sumamente complejo y difícil de burlar. Aparte de la Policía de Tránsito, en él intervienen dos de las más sagradas instituciones: el Poder Judicial y el Registro de la Propiedad. Su actuación es determinante para que ningún golpe al bumper trasero quede impune. No importan las dimensiones. En estos casos, aunque no haya heridos que lamentar y aunque los carros involucrados no tengan graves daños estructurales o mecánicos, lo fundamental es averiguar la verdad de los hechos, interpretarla y establecerla más allá de toda duda, toda mentira y todo sesgo. Por esa razón cada colisión, sea grande o insignificante, debe ser reportada a los tribunales de justicia por el oficial llamado al sitio. Porque es allí donde se dilucidará la verdad. Una maquinaria judicial cada vez más robusta –aun así insuficiente– atiende los múltiples incidentes de este tipo. Cuadrillas de escribientes y oficinistas saturados de trabajo prestan a los costarricenses el invaluable servicio de anotar las declaraciones de las partes, digitarlas y procesarlas dentro de un expediente hambriento de papeles que lo seguirán engordando, para que un juez especializado pueda tomar las resoluciones oportunas en cada etapa del proceso. Una de estas es la imposición de gravámenes sobre los vehículos chocantes y chocados. Esta orden pone en movimiento la otra maquinaria fundamental: la del Registro de la Propiedad Vehicular, cuyos recursos humanos, tecnológicos y, por supuesto, financieros, son complementos necesarios para evitar que los conductores mañosos de este país se salgan con la suya. El tercer actor estatal es el Instituto Nacional de Seguros, que viene a garantizar que los conductores se sientan tan desmotivados por las condiciones de su póliza que se decidan de una vez por todas a manejar con precaución. Así, por ejemplo, por cada choque, el valor de la prima del INS aumenta, castigo mínimo que merecen los choferes descuidados. Quien no quiere asumir esa consecuencia, mejor paga el arreglo de su bolsillo y se olvida de usar la póliza. Este proceso tan complicado y agobiante debería por sí solo fomentar el manejo responsable, pero no ha sido así hasta ahora. ¿Será por eso que los países más desarrollados del mundo, esos a los que queremos parecernos, no nos lo han copiado? En Europa y en Estados Unidos, por el contrario, los carros colisionados deben ser movidos de inmediato de la vía para que no obstruyan el tráfico y no se produzcan accidentes secundarios, que son a menudo más graves que los primeros. La Policía no tiene que llegar al sitio a menos que haya heridos o muertos, pues su parte no es necesario para cobrar el seguro. Y no hay que esperar a ningún inspector de seguros, sino que los conductores tramitan su cobro y luego las aseguradoras se encargan de recuperar los gastos reclamándole al responsable del choque. Claro, así ocurre en países donde no hay un monopolio de seguros, sino que cada quien escoge precisamente la compañía que le da mejor producto y servicio. Eso se llama apertura comercial y apertura de mentes.
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