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En Guardia Jorge Guardia jguardia@nacion.com Me dolió mucho la separación de Evita Arguedas del Movimiento Libertario. Tuvieron un sí y un no. Respeto su decisión y la fría reacción de sus pares. Pero me duele. Porque en este ambiente convulso en que todo obliga a decidir, mi corazón no estaba con el sí ni con el no. Estaba con Evita. Escribo, desde luego, en sentido figurado, motivado por afectos meramente políticos e ideológicos. Yo le tenía mucha fe por su pensamiento, arraigado en sólidos pilares de la libertad. Antes de la curul, la conocí como profesional talentosa y empresaria exitosa y, también, como presidenta de la Cámara de Comercio. Ahí demostró su liderazgo. La política, sin embargo, no sería su destino. Yo lo presentía. Me lo decía el corazón. Su estilo conciliador con Liberación no se correspondía muy bien con la férrea –pero efectiva– línea partidaria impuesta por Otto Guevara y Federico Malavassi en legislaturas anteriores. Difícil era ignorar que el ML creció por su oposición al bipartidismo y, en especial, a la voracidad fiscal del PLN. Por eso, sorprendió su negociación con Mayi Antillón el 1.° de mayo del 2006, basada en una simple promesa de “estudiar” elflat tax , afín a las ideas libertarias. Yo también me sorprendí. Y le dediqué una columna reparona. Creí que cambiaría. Pero pasaron las lluvias, llegaron los vientos de diciembre para dar paso al verano y en la Asamblea no pasaba nada. La dirección impuesta a su fracción había perdido el sello contestatario anterior. Se veía la disconformidad entre ellos y ella. Un año después, el 1.° de mayo de 2007, rompieron los fuegos. Ella se apartó de su fracción para reelegir, con Liberación, a Antonio Pacheco en la presidencia legislativa, cuyas ideas eran ajenas al pensamiento liberal. Y en aquel raro espectáculo su fracción se preguntaba por la suerte delflat tax. Los libertarios luchaban por su identidad en momentos difíciles en que el giro del PLN a la derecha los afectaba. Y, peor aún, si se les percibía como colaboracionistas. Por eso, la dejaron ir a sabiendas de que perderían un valioso voto que, en el ajedrez político, aseguraría a Liberación, junto con Guyón, mayoría absoluta en el Congreso para aprobar impuestos. En cuanto a ella, políticamente se inmoló. Nunca más podrá transitar por la agrupación de sus amores ni lucir orgullosa la camiseta roja que estrechamente la ceñía. Se veía muy hermosa. ¿Se verá igual con su nueva camiseta independiente? Liberación la usará mientras sea diputada. Pero nada más. Después, se quedará sola. Muy sola. Como yo. Y seguirá siendo libertaria, sin poderlo evitar, porque ahí, en la libertad, enterró su corazón. Junto al mío.
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