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Alerta planetaria Alonso Mejía Sánchez alonsomejia4@hotmail.com Periodista Las inquietantes noticias que sobre los eventos climáticos extremos en la Tierra han brindado diversos organismos como la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Unicef entre otras, llenan de alarma y, en algunos casos, de pavor apocalíptico. Las inundaciones, las altas temperaturas y las sequías, golpean al planeta cada vez con mayor frecuencia. Se calcula que en el sur de Asia (India, Nepal y Pakistán), 25 millones de personas han sido desplazadas por las violentas lluvias, y los monzones han dejado al menos 1.400 muertos. En China, el mismo fenómeno ha afectado a unos 13 millones de habitantes. Por otra parte, las altas temperaturas rompieron récords de calor en el sudeste de Europa, y en algunos países de Sudamérica se produjeron olas de frío inusuales, con fuertes vientos y nevadas. Daños múltiples. El calentamiento global derrite el hielo de los polos y los científicos alertan que los frágiles ecosistemas del planeta están en peligro: extinción e infertilidad en la fauna y la peligrosa alteración de sus hábitats. Con el deterioro de la capa de ozono a las plantas se les dificulta el proceso de fotosíntesis, y nacen cada vez más débiles y pequeñas, y todos sabemos de los daños que causa al hombre mismo. Mientras todo esto ocurre y la ciencia y los ecologistas dan el grito de alerta, ¿qué hacen los países ricos, principales contaminadores del planeta? ¿Qué medidas han tomado para que los desechos tóxicos que emanan de sus grandes ciudades industriales, plantas químicas y centros nucleares se reduzcan ante esta grave situación? Muchos acuerdos y poca acción, denuncian los ecologistas. Los países ricos gastan miles de millones en carrera armamentista, y es irrisoria la partida que ofrecen para sanear nuestra ya enfermiza Tierra. Armonía perdida. Nuestra aldea global está sufriendo un caos climático debido a factores externos pero también por el desenfrenado avance científico de los seres humanos, que parecen haber perdido su vital armonía con la naturaleza. Centroamérica no es la excepción ni Costa Rica ni mi provincia ni su provincia, amigo lector, ni nuestro cantón ni nuestro barrio ni siquiera el patio de nuestras casas. Entonces, ¿qué hacer? Empecemos por poner en práctica lo que nos aconsejan los abundantes manuales de protección al ambiente. Recemos y alcemos la voz para que las grandes naciones pongan en práctica sus flamantes declaraciones y acuerdos para la protección de nuestro hogar planetario. Como bien dice la organización ecológica Aprefloflas en un llamado televisivo, “el poder de uno es hacer algo, cualquier cosa”. Así es, para salvar a nuestra Tierra.
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