 Ejército de EEUU en Bagdad
(AFP)
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BAGDAD (AFP) -
El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, afirmó que evitó una guerra civil al hacer un balance de su gobierno este lunes, horas antes de la trascendente comparecencia en Washington de los responsables de la misión estadounidense en el país.
En ocho meses, los ataques disminuyeron un 75% en Bagdad y en el oeste de Irak, donde más de 14.000 insurgentes depusieron las armas para unirse a las fuerzas gubernamentales, casi 6.000 "terroristas" fueron detenidos, cerca de 2.000 bombas desactivadas y miles de escondites de armas descubiertos, dijo Maliki en el Parlamento en Bagdad.
"Hemos conseguido evitar que Irak se suma en la guerra civil a pesar de todos los intentos de desestabilización de las partes locales e internacionales", concluyó Maliki.
El jefe del gobierno iraquí hacía balance de los logros de la nueva estrategia diseñada a comienzos de año por las fuerzas estadounidenses con el apoyo de las autoridades iraquíes en la provincia de Al Anbar, bastión de la insurrección sunita en el oeste del país, y en algunos barrios sunitas de Bagdad.
Allí, los jefes tribales pasaron a colaborar en la lucha contra los combatientes de Al Qaida.
"Los actos de violencia disminuyeron un 75% en Bagdad y en la provincia de Al Anbar desde que el ejército estadounidense lanzó su operación" de refuerzo en esas zonas en febrero, para sumar hasta 168.000 efectivos en total en el país, explicó Maliki.
Además, "14.178 miembros de grupos armados que colaboraban con Al Qaida" abandonaron la lucha de los islamistas y se están formando con las fuerzas de seguridad iraquíes, precisó.
Al fin, consideró Maliki en un discurso retransmitido por la televisión estatal, el gobierno de mayoría chiita "restableció una vida casi normal en Bagdad", y más de 6.000 familias desplazadas pudieron retornar.
"A pesar de los avances, todavía necesitamos tiempo y esfuerzos adicionales para gestionar (por nosotros mismos) la seguridad", declaró el mandatario.
En las últimas semanas, el gobierno de Maliki se mostró muy contrariado con una eventual retirada de tropas internacionales, e incluso se opuso a la idea de un simple calendario de reducción de efectivos norteamericanos.
El primer ministro se dirigió a los diputados horas antes de que el comandante de la fuerza multinacional en Irak, el general estadounidense David Petraeus, y el embajador de Estados Unidos en Bagdad comiencen a informar sobre su misión en el Capitolio.
Todo en una semana en la que el presidente George W. Bush también revelará su "visión" sobre el futuro en Irak.
Petraeus será cuestionado por los demócratas, que le preguntarán cómo y cuándo podrán volver unas tropas que llevan más de cuatro años en ese país y que suman más de 3.700 muertes en sus filas.
Por no hablar del coste de la guerra, que supera los 500.000 millones de dólares (360.000 millones de euros).
El general al mando defenderá que el envío 28.500 soldados adicionales este año sirvió para disminuir la violencia sectaria, como adelantó Maliki. Aunque también se espera que acepte disminuciones graduales a la cifra actual de 168.000 soldados en Irak a partir de comienzos de 2008.
Mientras, la opinión pública estadounidense ve mal la situación: el 60% de los estadounidenses no cree que el ejército esté haciendo avances significativos en Irak, y el 58% piensa que no sirvió el aumento de tropas, según una encuesta del Washington Post y ABC News publicada el domingo.
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