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Sociedad y Servicios Jóvenes no pueden beber ni agua; solo tienen acceso a licor Ángela Ávalos R. aavalos@nacion.com “De lo que se trata aquí es ir para ver cómo se emborracha la otra gente. Los chavalos terminan en el suelo. Yo he visto cómo han tenido que jalar a más de uno, alzado, hasta su casa”. Rita (nombre ficticio a solicitud de la joven y sus padres) asiste a las fiestas con “barra libre” (consumo ilimitado de licor a cambio del pago de la entrada) desde que está en sétimo año. Hoy, está a punto de concluir la secundaria en un colegio privado. “Yo no consumo licor. Por eso, fui a pedir un jugo de naranja y me dijeron que no. Que solo podía pedirlo si lo mezclaba con vodka. ¡No hay ni una botella de agua! Con esto, lo obligan a uno a consumir a la fuerza”, contó la joven. En conversación con padres de familia y algunos estudiantes, La Nación se enteró de que las invitaciones a esas fiestas, donde el consumo de licor no tiene límite, circulan por Internet. Van especialmente dirigidas a alumnos de colegios privados, quienes en su mayoría tienen computadora, cuenta electrónica adonde remitirles el mensaje y mayor capacidad económica para pagar el derecho de entrada: entre ¢6.000 y ¢10.000. También se les contacta con invitaciones escritas que reparten otros estudiantes nombrados como organizadores. “Dios libre se enteren de esto en el colegio. Sería un problemón”, contó Rita . Organización. Quienes dan la cara como organizadores de estas actividades son los mismos estudiantes que se encargan de convocar a sus compañeros. “Nunca he visto a los principales. Siempre los que están son los compañeros del cole que se han encargado de recoger el dinero y pasar la invitación por escrito y de boca en boca”, indicó la estudiante. Una de las últimas fiestas se hizo en un edificio desocupado, en Curridabat, San José. “Tenían ambientes: uno, de música electrónica y otro de reggaetón , con modelos (promocionando ciertas marcas). Eran cientos, quizá unas 300 personas las que estábamos allí esa vez”, manifestó Rita . Expresó: “Si no vas a tomar, no la pasás bien. El vacilón allí es estar tomando. Lo que a mí me molesta es que uno paga y ni siquiera puede tomarse un jugo de naranja”. “Eso es un negociazo. Cobran hasta ¢10.000 por entrada y hay algunos jóvenes que no consumen. Además, los adolescentes se emborrachan con poco”, dijo la madre de una estudiante a quien identificaremos como Carmen . “Yo me enteré porque ella (su hija) me contó. En un grupo de madres también escuché que al hijo de una lo habían agarrado a patadas y casi lo matan al final de una de esas barras libres”, declaró Carmen . “Nosotros no la dejamos ir aunque sé de compañeritas que han participado como anfitrionas de la fiesta. Algunas madres plantearon su preocupación al colegio, pero no han hecho nada”, aseveró.
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