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El juez ante el siglo XXI

El Poder Judicial es ciertamente lo que proporciona estabilidad

Jaime Robleto Gutiérrez


Todos somos perfectibles mas no perfectos, partiendo de esa premisa aristotélica, no podemos ignorar la humanidad y falencias de quienes administran justicia, pero tampoco sus virtudes. Si generalizar es equívoco, también es necesario admitir que no es posible establecer perfiles individuales de nuestros jueces, en el entendido que la diversidad nos enriquece. Escribo estas líneas con la convicción del enorme prestigio que goza el Poder Judicial Costarricense, tanto hacia lo interno como a nivel global.

Los cambios no cesan, ello implica que aun para quedarse en el mismo sitio debemos adaptarnos y desarrollar una cierta locomoción, las estructuras sociales, económicas y culturales de una nación inexorablemente se modifican independientemente de nuestras posturas u opiniones personales. El buen juez no resuelve con base a sus creencias o íntimas convicciones sino conforme a la normativa que juró respetar, eso le garantiza al ciudadano que está protegido contra la arbitrariedad. La independencia del juez tan necesaria para alcanzar la justicia, depende fundamentalmente del aprecio que él tenga de su propio honor.

Amar lo que se hace. La percepción de una realidad puede superar incluso a la realidad misma, el juzgador de este siglo no debe ser un producto uniforme en línea de producción cual modelo T de Ford, sino un individuo que ame lo que hace, interdisciplinario, lector y que no se presente a trabajar solamente a la espera del pago de su salario.

Señala Alfredo Bullard que una característica común en todos los países desarrollados es la existencia de un Poder Judicial confiable y justo. En esos países los jueces gozan no solo del respeto público, sino que creen en ellos mismos. La fe en el sistema judicial encuentra sustento en la fe privada del juez en sí mismo, y su fe en sí mismo alimenta la fe pública en el juez. Los juzgadores son conscientes que su rol trasciende el de resolver expedientes y casos, para ser auténticos reguladores sociales.

Esto genera una cultura de autoestima, en el que el juez se siente importante, y al hacerlo enriquece el valor de su cargo, lo dignifica. Eso hace atractivo ser juez y se atrae a mejores abogados a la actividad judicial. Se rompe un circulo vicioso para convertirlo en un circulo virtuoso.

Concepción macro de la justicia. La equidad del caso concreto no se agota en el expediente. Implica ver los efectos que el caso tiene, en otros distintos a las partes y evaluar que pasaría si el caso se repitiera ad infinítum. Al hacerlo, se evita que en la búsqueda de la justicia el juez cometa nuevas y quizás más profundas injusticias. Una concepción micro de la justicia nos conduce a perder una concepción macro de la justicia.

En países como el nuestro, donde las cosas funcionan y han llegado a cierto nivel de desarrollo uno encuentra una característica común: el Poder Judicial es bastante confiable. Y la característica de los poderes judiciales confiables es que los jueces tienen autoestima. Los jueces democráticos hacen respetar los derechos, en especial los derechos de los ciudadanos frente al Estado. Protegen los derechos individuales, la propiedad, y crean con sus decisiones la esfera individual de cada ciudadano.

Dan identidad al ser humano y lo convierten en auténtica persona. Los juzgadores se sienten con capacidad y autoridad de enfrentar a los Poderes Públicos porque se sienten parte de un Poder Público. El Poder Judicial es lo que da estabilidad. Es donde se construye la seguridad jurídica en la práctica. En el fondo el Derecho no termina, sino siendo la capacidad de predecir lo que los jueces van a decir y la calidad del Derecho depende, en consecuencia, en mucho de la calidad de los jueces.

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