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Comentario del evangelio: Seguir a Cristo hoy Para este momento de la vida de Jesús, las multitudes que le seguían eran abundantes. En ese contexto, el Señor da un salto. Ha llegado el momento de dar un paso más: de la alegría por el número de quienes escuchan y siguen, a plantearles el tema de la exigencia aneja al seguimiento. El discípulo de Jesús ha de tener presente lo que significa la tarea que tiene enfrente y, además, cuánto está implicado en la entrega total que resulta necesaria para sacar adelante un seguimiento radical y coherente. Jesús no da ninguna posibilidad a malos entendidos. En el renglón de las prioridades, posponer parientes e incluso los propios intereses, más que ser comprendido en clave de “amar o no amar”, debe pensarse en otra cosa: poner todo en orden, de tal manera que nada ni nadie haga que amemos menos a aquel a quien seguimos. No es pues un asunto de rechazos, sino más bien un tema de jerarquía de afectos. Ahora bien, de frente a la cruz, Jesús invita a “llevarla” ( bastazô : llevar, en griego). El mismo término que usa Juan al hablar del camino del Señor al Calvario. Y de llevarla “detrás” del Maestro. Vuelve aquí a nosotros la idea de un seguimiento exigente, que además, se ve reforzada por dos pequeñas parábolas. Así, el evangelista nos deja claro una cosa: nada debe vivirse movidos por ciegos impulsos, todo debe medirse, calcularse, planearse e incluso negociarse. Y con mayor razón, si nos referimos al compromiso implicado en el seguimiento del Señor. Esta noción de seguimiento, tan central en el evangelio de hoy, ha estado siempre presente en la propuesta cristiana. En el inicio relacionada con el martirio y en el monacato relacionado con la renuncia de sí. Más tarde Francisco de Asís imita y sigue a Jesús de un modo vital e incluso literal. Ignacio de Loyola lo hace en clave apostólica. Ch. de Foucauld, por su parte, imita y sigue sintiéndose el último, mientras que –más cercano a nosotros- B. Häring, en su conocida obra de 1968, La Ley de Cristo , dirá: “(en cuanto) discípulo de Cristo, debe el cristiano tener presente en todo tiempo la gravedad del combate contra el pecado” (I, 396). Finalmente, el moralista Goffi agrega: “el seguimiento/imitación de Cristo se traduce no en hacer cosas, sino en uniformarse a Cristo hasta el punto de ser viva memoria suya” (NDTM, 1681). Allí está el evangelio y allí la reflexión multisecular de la Iglesia. Queda en nosotros lo que sigue: hacer caso al Señor y ¡seguirle! Y ello a pesar y precisamente debido al duro tiempo presente. P. Mauricio Víquez Lizano.
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