 El Papa, en una jornada de fuerte viento
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VIENA (AFP) -
El papa Benedicto XVI glorificó este domingo el voluntariado, fuerza motriz del desarrollo y del bienestar que contribuye a crear "una civilización de amor", en un acto con el que coronó un viaje de tres días a Austria.
"Sin el voluntariado, la sociedad y el bienestar no podrían, no pueden y no perdurarán", dijo ante unos 1.800 miembros de organizaciones benéficas en el histórico auditorio vienés de Wiener Konzerthaus.
"La disposición para estar al servicio de los demás es algo que sobrepasa los cálculos de gastos y beneficios: rompe las reglas de una economía de mercado", agregó.
Según el Pontífice, los voluntarios contribuyen a construir "una civilización de amor", donde las relaciones humanas no se reducen a derechos y obligaciones, y los seres humanos asumen sus responsabilidades porque "el amor al prójimo no es algo que pueda ser delegado" en el Estado y las instituciones.
Apurando sus últimas horas en tierras austríacas, estimó que ofrecerse para ayudar a otros "es una decisión que libera, abre nuestros corazones a las necesidades de los demás, las exigencias de justicia, la defensa de la vida y la protección de la creación".
Viena colmó de atenciones este domingo al Papa, gran melómano, en particular en la abadía cisterciense de Heiligenkreuz (Santa Cruz), a 40 km de la capital austríaca, que acogió la primera visita de un Pontífice en 874 años de historia.
Allí, en medio de cánticos gregorianos y rezos en latín, el Papa instó a los monjes a centrar la liturgia en Dios para que sea "una imagen de eternidad", porque si la mente se preocupa por embellecerla y hacerla atractiva, entonces "se ha perdido la batalla".
Al menos 12.000 fieles, según la policía, muchos más de los que preveían los organizadores, se dieron cita a las puertas de la abadía para dar la bienvenida a Benedicto XVI.
Horas antes, en una misa celebrada en la catedral de San Esteban de Viena, el Obispo de Roma criticó la sociedad occidental por haber desvirtuado 'el domingo', al convertirlo en una jornada de ocio.
"El ocio es seguramente algo bueno y necesario, sobre todo entre la prisas alocadas del mundo moderno", pero "si carece de un foco interior, de un sentido total de dirección, entonces, en última instancia, se convierte en tiempo perdido que no nos fortalece ni nos reafirma", explicó.
Ataviado con una casulla de seda verde, consideró apremiante la necesidad de que las personas dediquen sus vidas a Dios para "crear el oasis de amor desinteresado en un mundo donde demasiado a menudo sólo parece contar el poder y la riqueza".
Unas 15.000 personas se congregaron en el exterior de la catedral, alma de la ciudad imperial, para acompañar al Papa en su peregrinación.
"¡Benedetto!, ¡Benedetto!", gritaron, agitando banderas amarillas, en cuanto salió para rezar el ángelus en la plaza de la catedral, un edificio cautivador por su tejado de vivos colores y su torre meridional en forma de aguja.
La lluvia que había acompañado al Santo Padre desde el inicio de su peregrinación por Austria escampó por momentos para alivio de los fieles que, por si acaso, vestían chubasqueros. No en vano, Benedicto XVI tuvo palabras de agradecimiento para los tímidos rayos de sol.
El Papa partió por la noche a Roma desde el aeropuerto vienés de Schwechat, donde el presidente austríaco, Heinz Fischer, le despidió con honores militares, tras destacar "un amplio acuerdo" entre el Vaticano y el gobierno de su país.
En este sentido, mencionó la voluntad de paz, de "justicia social y solidaridad", de "diálogo entre culturas y religiones" y de hacer que Europa progrese.
Por su parte, al despedirse de Austria, país al que Benedicto XVI dio las gracias cordialmente, el Papa volvió a abordar el tema que trató ya el viernes: la necesidad de promocionar los valores cristianos de Europa.
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