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Tan puro y diáfano…

Claro, la socialdemocracia moderna debe adaptarse a los tiempos…

Andrea Aguilar Calderón
Periodista

Quien dijo “no muerdas la mano que te da de comer”, bien conocía el hambre. Desconozco si Fernando Zumbado la habrá conocido también en sus pernoctaciones en tugurios, pero es admirable la seguridad que tiene en su jefe, Óscar Arias, al llamarlo “puro” y “diáfano”. Bien buena gente don Fernando, por esta lealtad sólida y por molestarse en contestar a este corazoncito roto, que pertenece al NO, pero no por pasiones, como quizás malinterpretó en su artículo en Foro del 1.° de setiembre.

Si mi corazón dice NO es porque mis razones dicen NO y busco ser consecuente, algo bien difícil para el ser humano. Por suerte, Arias lo es: su pacifismo va mucho más allá de su oposición a que se tocara la Obertura 1812 por su carácter bélico; malentendido que ya pasó a los anales del anecdotario nacional.

Razones, no pasiones. Sí, es “puro” el Consenso de Costa Rica para premiar a las naciones que abandonen el gasto militar en pos del desarrollo social. EE. UU. y China son excelentes ejemplos de esta política: el primero ha organizado carnicerías (Iraq es solo una de ellas) y carece de un plan de salud sólido para su pueblo (vean Sicko, de Michael Moore). El segundo es un país que pisotea los derechos humanos y usurpa el Tíbet (¿don Óscar no se había reunido con el Dalái-lama?). Pero nos conviene tenerlos de “compas”. Claro, la socialdemocracia moderna debe adaptarse a los tiempos.

Es “diáfano” el Prugram para mejorar el ambiente en la GAM, pero sin programas de reciclaje en el ámbito nacional, medidas drásticas para frenar la emisión de gases, o un mayor control en las zonas hoteleras extranjeras que se apean todo a su paso.

Es “admirable” que se den bonos de vivienda a los indígenas, cuando ni se conocen sus costumbres; pero seguro que don Óscar las sabe, si hasta tuvo el buen tino de llevar una comparsa limonense a los bribrís. Es “ejemplar” apoyar la educación secundaria, así sabrán defenderse nuestros jóvenes cuando en las sweat shops y en los call centers les expliquen que en India y en China, por ejemplo, cobran mucho más barato por sus servicios. Y me parece genial que se pague la deuda con la CCSS y que se tripliquen las pensiones de régimen no contributivo.

De fijo necesitaremos esa plata cuando descubran, por ejemplo, la cura del sida y tengamos que pagar millonadas por los tratamientos a las megafirmas farmacéuticas. Pero, bueno, la Caja puede comprar los medicamentos donde quiera, nada en el TLC lo prohíbe… Claro, los cuatro laboratorios locales que venden genéricos a precios más convenientes seguro ya no van a existir, pero nadie los tiene de “copiones” (¿o nunca fueron a la escuela para aprender que eso es malo?) Además, son solo cinco añillos de espera… En cinco años nadie se muere.

Mi desencanto sigue. La razón de mi desencanto obedece a que, a mi parecer, el hombre digno, admirable, diáfano y puro es quien es consecuente con lo que predica. ¿Dónde quedó el presidente que dijo el 11 de diciembre de 1987, en la Sala Magna de la Universidad de Oslo, solo un día después de recibir el Premio Nobel de la Paz: “(…) buscamos una economía en que los hombres cooperen solidariamente y no una economía en que compitan hasta anularse. (…) Hemos dicho que en nombre del crecimiento económico no vamos a renunciar a la aspiración de crear una sociedad más igualitaria”? Y podría seguir enumerando contradicciones entre lo que dice y hace nuestro premio Nobel: calla a la Iglesia Católica, pero pide el voto a favor del TLC en la Evangélica; habla de paz cuando posa con Mel Gibson, antisemita confeso, o con un príncipe árabe en cuyo país las mujeres son tratadas, cuando menos, como un ser inferior, etc.

Pero, bueno, nada más humano que la contradicción y nada más humano que no morder la mano que te da de comer.

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