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Genocidio arquitectónico Los costarricenses hemos actuado como terroristas con los edificios públicosSergio Espinoza Empresario Por tradición, los costarricenses somos terroristas con edificios y monumentos públicos. Los capitalinos desplomaron en un santiamén el edificio de la Biblioteca Nacional, laEmbajada de España, el Cuartel de la Artillería y la Casa Presidencial. Los hijos de la tierra del Erizo arrasaron con la casa del expresidente Tomás Guardia, la biblioteca, las torres de la catedral y la casona que sirvió de morada al Tamborcillo de la guerra del 1856. Ahí se incluyeron también la quinta de René Picado, la Comandancia, La Gota de Leche y la Imprenta Sibaja. Nostalgia, melancolía y tristeza sentimos cuando las joyas arquitectónicas que sirvieron de mansiones a Próspero Lizano, Víctor Chavarría, Abel Crespo, Luís Montenegro y Juan Rafael Fernández se convirtieron en comercios y ventas de medicamentos y oficinas públicas. Gobernados y gobernantes debemos hacer la guerra a este genocidio histórico, declarando estas obras patrimonio nacional.
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