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Artes & Letras Se enfatizan sus grandes metáforas sobre la muerte, la adultez y la niñez Doriam Díaz ddiaz@nacion.com El Museo de Arte Costarricense (MAC), ubicado en La Sabana, se une a la celebración del centenario del nacimiento del gran artista costarricense Francisco Paco Amighetti con una gran exposición retrospectiva llamada “Amighetti: Viaje hacia la noche 1907-1998”. Se trata de una muestra que recorre la vida y obra de ese renombrado pintor, grabador, muralista y poeta a través de 45 obras destacadas en su trayectoria.
En cuatro salas, el espectador encuentra una selección de grabados, óleos y acuarelas, así como un enorme mural y un retablo. Allí verá desde unas primeras pinturas del artista, entre las que se destacan sus paisajes y obras claramente influidas por el arte alemán, hasta un tríptico llamado Viaje hacia la noche (1998), en que Amighetti recogió todas sus preocupaciones. “Esta muestra es un resumen de todo el pensamiento y obra de don Paco . Aquí se ve que él fue un artista existencial”, detalló José Miguel Rojas, curador del MAC y de esta retrospectiva.
La exposición está organizada en forma cronológica y es acompañada por una línea del tiempo en que se señalan los principales hitos dentro de la biografía de Amighetti, así como un detalle de lo que, al mismo tiempo, pasó en Costa Rica y en el mundo. Viaje por las metáforas. El visitante acompaña a Amighetti en su viaje por sus 81 años de vida y hace paradas especiales en las principales metáforas que atravesaron su obra, entre ellas la de la escalera como símbolo que representa el tránsito desde la inocencia hasta la muerte y la nada.
Precisamente, una muestra de esa metáfora es la obra que se llama La escalera ( 1950 ). Otras metáforas importantes son el niño, forma en que el artista se separaba del mundo adulto y vivía su libertad, y la ventana, espacio que une el mundo adulto y trágico con el mundo de la niñez y la inocencia, explicó el curador. La prueba de estas preocupaciones están en piezas como El niño y la nube (1969) y La gran ventana . Familia, paisajes y tormentos. El espectador ve también las pinturas que Amighetti hizo de su familia, como los retratos de Flora, su esposa, o de su hija Olga. También observa su obra más atormentada, como Autorretrato con antepasados , y aquella en que demuestra la técnica de pintura al fresco que aprendió en México, como el gran mural La agricultura .
Por supuesto, en la retrospectiva están sus grandiosos y profundos grabados –xilografías y cromoxilografías, en su mayoría– , entre ellos La cruz (1971) y Brindis (1989). La exposición cierra con la gran metáfora que le da título: Viaje hacia la noche. En ese trabajo, Amighetti parece desligarse y despedirse de la vida con tres obras en que están los temas más importantes que lo han acompañado durante su carrera como artista. Es un viaje-exposición, lleno de poesía y de una sección educativa. Estará abierto hasta enero.
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