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La estirpe de los Dengo Christian E. Campos Monge chrisjm33@gmail.com Abogado El apellido Dengo vuelve a relucir en lo más alto de los hijos insignes de la patria. Esta vez, Jorge Manuel, hijo de un peso completo de la historia nacional como es Omar Dengo, ha sido declarado benemérito de la patria. Las razones sobreabundan: ser uno de los fundadores del ICE, exvicepresidente de la República, entre otros. Pero, especialmente se reconoce en este “tico” su don de gentes, caballerosidad, audacia, visión de país y ejemplo viviente, finalmente, de los más nobles valores del ser costarricense. En el caso de su padre, en 1969 la Asamblea Legislativa reconoció a la figura intelectual y humanista. Se decía de él que ciertamente era uno de los más lúcidos y vigorosos artífices de la educación de Costa Rica. La entrega y brillantez como director (una de sus facetas) hicieron acreedor a don Omar del calificativo de “maestro de maestros y educador de un pueblo”. Aquel compatriota cultivó con distinción el periodismo y dejó impreso su pensamiento sobre asuntos sociales, políticos, educativos, literarios y filosóficos en numerosos medios informativos. Ahora el hijo de don Omar, don Jorge Manuel, se une a la lista más reciente de beneméritos, cada uno de ellos modelos que orgullosamente podemos tratar de imitar; nos referimos a don José Joaquín Trejos y a don Mario Echandi Jiménez. Por ende, en los próximos días hemos de congraciarnos por la serie de actividades que de fijo le harán al nuevo inquilino de la sala especialmente dedicada a estos compatriotas en la Asamblea Legis- lativa. Calma, prudencia e inteligencia. En momentos de arduo debate por el TLC y el referéndum, la imagen de los señores Dengo nos llama a la calma, prudencia e inteligencia en la toma de decisiones. Nada más lejos de lo esperado son las proclamas dirigidas a desconocer, aunque sea por asomo, la institucionalidad democrática, y lo que al final del camino decidiremos todos y cada uno de los costarricense. Esa es la regla básica del contrato social firmado; así, se acepta un modelo de Estado de derecho, donde las reglas están prefijadas. Es simple: el 7 de octubre se acepta el resultado –cualquiera que sea– y se aplaude por una jornada en la que el voto se traduce en la esencia real de la participación ciudadana. De ahí que todos hemos sido convocados a ejercer el voto, y de su emisión depende la toma de decisión nacional en torno a un tema de suma importancia en la historia. Allá en la escuela Omar Dengo recuerdo la enseñanza del prócer educador; el alma de tal hombre se refleja en la propia letra del himno de ese centro educativo; hoy, el hijo de don Omar, don Jorge Manuel, igualmente nos ilustra y nos ayuda a pensar muy bien cada acción como hijos de la Costa Rica que tanto amamos; ambas figuras, eso sí, nos invitan a analizar a profundidad antes de dar un paso. La decisión del 7 de octubre va por esa línea: actuar bajo el deseo de país de hoy y del mañana, con la bandera de que nuestras decisiones afectan a toda una nación, con la consigna de perpetuar los valores que nos enorgullecen.
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