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Dos modelos: una riqueza Una vaca israelí producía 3 veces lo que producía una vaca rusaJosé Antonio Montero Z. ensolucion@yahoo.com Asesor logístico Una de las características de muchas empresas y naciones exitosas es su capacidad para adaptarse a los tiempos y superar las condiciones adversas que se les presentan. Así, tales organizaciones deben plantearse retos mayores para ampliar sus oportunidades de crecimiento económico y acceso a la riqueza, lo que les permite hacer sostenible su existencia y facilitar su capacidad de planificar a largo plazo. Preocupa entonces que, cuando las sociedades y las economías no pueden hacer frente a las realidades de su entorno, la riqueza pronto desaparece, ya que no logran aumentar su productividad y acelerar la competitividad (¡ni siquiera consiguen transmitir su cultura!). Así, las consecuencias en términos de aumento de la pobreza, estancamiento y demás limitantes al desarrollo todos las conocemos. La historia de las vacas. El presidente de Israel Shimon Peres cuenta con agrado que, cuando su país volvió a las relaciones con la antigua Unión Soviética, lo primero que les compraron los rusos fue vacas. ¿Por qué? simple: una vaca israelí producía 3 veces lo que producía una rusa; “la misma vaca con los mismos cuernos”, decía simpáticamente. Explicaba entonces que los soviéticos tenían mil veces el tamaño de Israel (24 millones de km2 frente a 24.000) y contaban con miles de lagos (Israel tenía solo 2, uno de ellos muerto). Además, los rusos contabilizaban 100.000 ríos, mientras que Israel solo 1, el Jordán, que, según Peres, estaba más provisto de historia y de pasado que de agua. Lo interesante de la historia anterior es que, pese a las asimetrías entre esos países, Israel exportaba alimentos mientras los soviéticos tenían escasez de ellos. A esta situación el premio Nobel israelí la llamaba “incompatibilidad entre el sistema y la época”. Es decir, pese a la gran ventaja de recursos de todo tipo que poseían los rusos, no lograban crear o reproducir mayor riqueza, pues el modelo que utilizaban era ineficiente e inapropiado. Nuestro modelo. Pese a que Costa Rica es una economía pequeña, a través de su política comercial exterior ha logrado incorporarse valientemente en el engranaje de la economía internacional consiguiendo por medio de tratados de libre comercio la apertura de mercados preferenciales para sus productos y potenciando su capacidad exportadora en beneficio de empresarios nacionales y de los costarricenses en general. Sumado esto a una pacífica y ejemplar estabilidad democrática y a un reconocido sistema de seguridad social hace del modelo nacional un recurso indispensable al desarrollo. Para hacer sostenible el crecimiento de la economía, debemos avanzar y apostar además por la competitividad, agilizando y fortaleciendo las instituciones democráticas, ampliando la inversión en educación y calificación de los ciudadanos, innovando empresarialmente, así como potenciando todos los recursos humanos, materiales y tecnológicos con los que el país cuenta. Costa Rica entonces no escapa de tener que escoger libremente el tipo de modelo de desarrollo que requiere para el momento histórico que vive: o vacas que producen poco y se enferman con facilidad, o iguales vacas saludables que producen riqueza y esperanza. Aprovechar nuestro modelo ha sido y será el gran reto como nación: o lo encaramos oportuna e inteligentemente, o nos bajamos del tren y empezamos a caminar en la dirección contraria.
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