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Enfoque Jorge Vargas Cullel jovargas@nacion.co.cr. El pasado lunes 3, La Nación publicó la nota “Ticos le creen más a los actores del SÍ”, basada en el más reciente estudio de opinión pública de la empresa Unimer. Cuando uno analiza el gráfico adjunto “Credibilidad de los actores”, encuentra que el titular lleva razón: en todas las personalidades y organizaciones examinadas hay ventaja para los del SÍ. Sin embargo, dos cosas saltan a la vista cuando aguzamos la mirada: las ventajas son siempre pequeñas (excepto la de Óscar Arias en relación con Ottón Solís) y, más importante, ningún actor goza de credibilidad ciudadana. Esto último es el dato fundamental. Por cada persona que les cree a los empresarios y a los diputados de Liberación, dos no les creen. La proporción disminuye a uno en tres cuando se trata de los diputados del PAC y los sindicatos. Los movimientos del SÍ y del NO generan, más matizadamente, esa reacción de incredulidad. Incluso, Óscar Arias sale rascando. El grupo de personas que no le cree al Presidente es notablemente más grande que el que le cree. Triste situación: la carrera no es por ver quién sale mejor, sino peor, ante los ojos de los ciudadanos. El desaguisado era previsible. Hace rato que la desconfianza ciudadana se apoderó de la opinión pública en este país. El referéndum del TLC, pese a las pasiones que ha desatado, no cambió esta situación. “Votaré en lo del TLC, pero no les creo”, parece decir la gente. Pero, si muchos no siguen línea de los políticos y sus organizaciones, ¿cómo se están formando las preferencias sobre el TLC? Tentado estoy a decir: “Varguitas, no juegue de vivo”, si no fuera porque el tema tiene implicaciones políticas. Vean ustedes: como la victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana, el bando que gane se hará autobombo; no faltarán sesudos analistas desgranando las genialidades que llevaron a la victoria. El que pierda (humanos somos) culpará a los demás, al árbitro o a quien sea: siempre cuesta más admitir los errores propios. La información disponible sugiere, sin embargo, la importancia de un análisis distinto. Ni los corazones ni las grandes razones están llegando a los ciudadanos de a pie. Hipótesis alternativa: muchas personas votarán a favor o en contra del TLC no por sus méritos, sino por otras razones: sus evaluaciones sobre la marcha del Gobierno, del país, etc. En este sentido, siguen siendo un misterio cuya única faceta conocida es que no están sólidamente detrás de nada y de nadie, ni en lo del TLC ni en nada más. Aun así, votan. Si esto es cierto, aventuras radicales hacia la derecha y la izquierda son desaconsejables en el post-referéndum: el que lo intente se quedará solo, la gente está en otra cosa.
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